sábado, 23 de julio de 2016

Santos Bernardo, María y Gracia, mártires.

Imágenes veneradas en Alzira.
Santos Bernardo, monje; María y Gracia, vírgenes, mártires. 23 de julio (invención de las reliquias), 2 de septiembre (en Poblet).

Fueron estos tres hermanos naturales de Valencia, y nacieron en un sitio que ya no existe llamado Pintarrafes, que ya no existe como localidad, sino que Carlet ha ocupado esa zona. Hay que decir que sus nombre de nacimiento fueron Ahmed, Zaida y Zoraida, pues eran hijos del moro Almanzor, señor del lugar allá por el siglo XII, antes de la Reconquista. Además, tenían un hermano mayor también llamado Almanzor. Ambos hermanos varones se formaron en Valencia, donde aprendieron artes de guerra, letras y ciencias. Las hijas quedaron en casa. 

Ahmed llegó a ser contable del rey de Valencia, y además, este le encomendó varias legaciones importantes. En una de ellas le envió a Barcelona para tratar el asunto de canjear cristianos con moros presos. De regreso, pasando por Tarragona se perdió en el bosque junto a su criado. Como se hizo de noche, decidió descansar para hallar la salida al otro día. Estando dormido, soñó que oía unas voces que le parecían de otro mundo. Despertó y notó que aún oía las voces. Y es que estaban cerca del sagrado monasterio de Poblet, de donde venían aquellas voces, pues los monjes estaban cantando maitines. Despertó Ahmed a su criado y se acercaron al monasterio y pidieron entrar. Los monjes se sorprendieron de ver a los dos musulmanes tan sorprendidos a su vez. Preguntó Ahmed: "¿qué casa es esta, que gente sois, y qué manera de vivir tenéis?". Le respondieron los monjes: "Es este uno de los templos del Dios verdadero; del que todos nosotros somos servidores. Aquí solo nos ocupamos de darle gracias a todas horas por el beneficio de la creación y redención, y de habernos dado conocimiento de su santa ley; y en ella el estado de mayor perfección, como es el de monjes".

Más aún se interesó Ahmed sobre que el dios cristiano tuviera servidores que dedicaban su vida entera a alabarle, pidió conocerles más, y los monjes le permitieron quedarse unos días. Dejó Ahmed ir al criado, y le envió a Lérida, mandándole le esperase en casa de una tía suya. Mientras, se instruyó en la fe cristiana, se convirtió y pidió el bautismo. Una vez cristiano se llamó Bernardo, en honor al santo fundador del Císter. A los pocos días, además, pidió el hábito monástico para asegurar su salvación. Dudó el abad, pero al final consintió con el aplauso de la comunidad. Le encomendaron la portería, atendiendo a los peregrinos y pobres, donde dio grandes muestras de caridad, llegando incluso a multiplicar el pan que daba a los necesitados. Era penitente y pronto se adentró en la oración, y especialmente oraba y se disciplinaba por los infieles y rogaba por su conversión. Tanta fue la fama de santo del hermano portero, que pronto acudieron a Poblet muchísimos enfermos, a los que sanaba por milagro, especialmente a los niños. También cuando salía por su oficio de limosnero, le acercaban los niños para que los sanase, y lo mismo los tullidos, ciegos o mudos.

Curiosamente, las hermanas van de
cistercienses y el martirio ocurre
en un recinto cerrado.
Pasó el tiempo y quiso Bernardo ir a convertir a sus parientes, por lo pidió permiso al abad. Este se negó cuanto pudo, pero viendo que su deseo era una inspiración divina, le dejó marchar con tristeza. Partió Bernardo a Lérida, donde luego de luchas y oraciones, convirtió a su tía y la bautizó. La mujer donó todos sus bienes a los pobres y en adelante vivió pobremente, como una sencilla cristiana. Luego de esta victoria, se fue Bernardo a su casa, donde halló que su padre había muerto y su hermano Almanzor había heredado el gobierno de la familia y la región. Lo recibieron con alegría, pues pensaban venía huido del monasterio, para volver a la fe de Mahoma. Pero cuando comenzaron a hablar, vieron que era lo contrario, pues Bernardo tenía gran celo de Cristo. Pronto convirtió a sus hermanas, las que desde entonces se llamaron Gracia y María. Almanzor montó en cólera y le dijo a su hermano que se fuera a su monasterio, porque le quitaría la vida. Pero no contó Almanzor con la fe y arrojo de las hermanas, que también quisieron irse de allí, por miedo a verse presionadas a volver al islam. 

Huyeron los tres cristianos, y enterado Almanzor y algunos parientes, salieron en su busca. Permanecieron Bernardo, María y Gracia escondidos entre unos matojos a la altura de Alzira durante unos días. Al cabo, salió Bernardo al camino a buscar algo de comer para seguir camino hacia Poblet. Apenas atravesó el camino real, cuando fue descubierto por un piquete de soldados comandado por el mismo Almanzor, y no le alancearon porque Almanzor terció que si le entregaba a las hermanas, le dejaría irse. Respondió Bernardo: "Ya quisiera que hubieras recogido tú también, como ellas, el fruto de mi venida; mas pues no quieres que seamos hermanos en la fe, ten entendido que los tres estamos prontos a morir por esta". Almanzor le hizo atar y le mandó le guiase adonde estaban las hermanas, pero ellas salieron al camino y suplicaron a Almanzor tuviera piedad. Él las consoló con piadosas razones, y con tal inspiración, que también ellas se mostraron dispuestas a ofrecer sus vidas por Jesucristo. Los soldados ataron a Bernardo a un árbol y para martirizarle, le metieron un clavo de barco por la cabeza, y mientras invocaba el Nombre de Jesús y exhortaba a la conversión a sus asesinos, expiró. Almanzor hizo promesas y amenazas a Gracia y María, para que abandonasen aquella locura y volviesen a casa, pero ellas solo hablaban para animarse una a la otra a perseverar en la verdadera religión. Y como nada lograba, mandó a sus sicarios las despedazaran a cuchilladas. Ocurrió este martirio en 1180

Azulejo conmemorativo. Alzira.
Los tres santos cuerpos fueron abandonados para que fueran comidos por los cuervos, pero algún desconocido les enterró. Aquí hay un paréntesis que arroja sombras y dudas, pues no sería hasta el tiempo de la reconquista del Beato Jaime I de Aragón (23 de julio), cuando las reliquias son halladas en 1242. El rey mandó fuesen colocadas en una ermita dedicada a su memoria en Alzira, dejando custodiándolas a un santo varón. Como la paz no era duradera, las reliquias fueron ocultadas de nuevo, y el sitio del enterramiento iba pasando de un ermitaño a otro. Pero esto duró demasiado como para no sospechar. No sería hasta el 23 de julio de 1599 cuando ocurriría la invención de las reliquias, con ocasión de que los frailes trinitarios anexan dicha ermita a un convento que construyen, y el último ermitaño revelase al provincial de la Orden que en dicho templo estaban las preciosas reliquias de los santos hermanos. Por orden de Felipe III, respondiendo a una petición de Poblet, las reliquias pasaron al monasterio de Poblet, donde llegaron a 2 de septiembre de 1603. Se entabló un largo litigio por dicha traslación y en 1610 se resolvió compartir las reliquias y que una parte regresase a Valencia, yendo una porción a Carlet y otra al Real Colegio del Corpus Christi de Valencia, por influencia del gran pastor de Valencia San Juan de Ribera (6 y 14 de enero), quien presidió esta ceremonia.

En 1643 la ciudad de Alzira los proclamó patronos suyos y en su iglesia parroquial de Santa Catalina mártir, tienen su altar y reliquias. En 1725 se compuso el Oficio Propio para toda la arquidiócesis de Valencia. Aunque la memoria era a 23 de julio, la Orden del Císter obtuvo como privilegio celebrarla a 1 de junio, pero ya no es obligatoria para toda la Orden.


Fuente:
-"Año cristiano o Ejercicios devotos para todos los días del año: Abril. P JEAN CROISSET. S.I. Barcelona, 1862.

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