sábado, 18 de junio de 2016

Santos Marco y Marceliano de Roma.

Santos Marco y Marceliano de Roma, hermanos mártires. 18 de junio. 

Su leyenda se encuentra inserta en las "Actas de San Sebastián", traducida y embellecida por el Metafraste y en la Edad Media, recopilada y vuelta a embellecer por el Beato Santiago La Vorágine (13 de febrero).


Estos hermanos gemelos nacieron a mediados del siglo III y fueron hijos de Tranquilino y Marcia, nobles romanos. Sus padres eran paganos, pero sabiendo que los cristianos eran gente honrada, procuraron un maestro cristiano para sus hijos, aunque le advirtieron que no enseñara su fe a los niños. Pero estos eran despiertos y viendo en su maestro algo diferente, más sublime y perfecto que los paganos no tenían, llegó el tiempo en que inquirieron cual era la causa. El maestro les confió su "secreto": creía en Cristo; y una vez que explicó la fe cristiana a los jovencitos, estos adoptaron la de de Cristo sin que sus padres lo supieran. La leyenda dice que querían permanecer célibes por el Reino, pero fueron conminados a casarse con jóvenes nobles, pero paganas, a las que con su predicación y buen ejemplo, pensaban convertir a la verdadera fe. No tardó la familia de los jóvenes en conocer su conversión, pero los jóvenes se mantenían en secreto, sin delatarse como cristianos para socorrer a los que eran perseguidos por la recién persecución de Diocleciano. Alentaban a los confesores, socorrían a las viudas y huérfanos, escondían a presbíteros, etc. Conforme arreciaba la persecución iba creciendo su deseo de ser mártires, y pronto lo vieron cumplido pues fueron delatados como seguidores de Cristo.

Les apresaron y enviaron a los calabozos, lo cual recibieron con gran alegría. En el primer interrogatorio declararon su fe y fueron azotados, tormento que padecieron con entereza, siendo la admiración de no pocos paganos. Varios familiares les visitaron para persuadirlos que obedeciesen los edictos imperiales, o al menos que disimulasen su religión, rindiendo culto a los ídolos solo externamente. Pero ambos eran enemigos de tal simulación y se negaron. Fueron interrogados nuevamente y requeridos a sacrificar. Dijeron ellos: "la religión de los dioses es infame, abominable; y no hay ni habrá otra verdadera que la que profesamos los cristianos". Desesperado el juez, mandó que fueran colgados en el potro, despedazados con uñas de hierro y quemados los costados, pero nada logró con estas torturas. Así que, cansado, mandó fueran degollados.

Su familia imploró a Cromacio, vice-prefecto de la ciudad, que se retrasara la ejecución unos días para poder hacer cambiar de parecer a los jóvenes. Confiaban que podrían hacerles cambiar de parecer y por ello Cromacio les concedió treinta días de gracia. Por orden del prefecto pasaron los jóvenes de la cárcel a la casa de Nicostrato y Zoé, escribano público. La leyenda nos dice que aquello les supuso más tormento que los castigos, pues las lágrimas de sus padres, su amor y súplicas les eran más dolorosas en cada visita que les hacían. Y añádanse los ruegos de sus mujeres, y los llantos de sus pequeños hijos. Ya fuera juntos o por separados, eran requeridos por todos, familiares y amigos, para que abandonasen aquella fe que les hacía padecer. Como recogen las Actas "no vio el mundo ataque más violento, ni más dificultoso de sostener".

Marco, Marceliano
y sus parientes.
Sufrieron los hermanos todo esto, y se alentaban mutuamente, cuando uno se sentía desfallecer ante tanto dolor de la madre y los hijos, el otro le sostenía. Hablaban del cielo, de la recompensa eterna, de la condena eterna que esperaba a los apóstatas, etc. Pero treinta días eran muchos y cuando comenzaron a flaquear juntos, lo notó el Capitán de la primera compañía de guardias del Emperador, que cada día les visitaba, y no era otro que el gran San Sebastián (20 de enero), que era cristiano en secreto. Viendo este que desistían en su determinación de ser mártires, les habló: "Pues que, hermanos mios, ahora que estáis casi llegando al fin de vuestra gloriosa carrera, ¿será posible que los llantos de hijos y parientes os hayan de hacer volver atrás con ignominia? ¿Han apagado esas lágrimas vuestro amor de Dios y vuestra fe? ¿Adónde se fue aquella cristiana magnanimidad que mostrasteis en mayores tormentos? ¿Permitiréis que os arranque el laurel de la cabeza el artificioso llanto de vuestras mujeres, y el pueril de vuestros hijos? ¿Seréis apóstatas por alargar algunos pocos días más la vida de un padre y de una madre que ya no pueden durar mucho? ¿Ignoráis acaso que desde la cuna a la sepultura hay poco trecho, y desde la ancianidad á ella casi ninguno?"

Y luego de arengar a los hermanos, se dirigió a los parientes, y les demostró la verdad de la fe cristiana, la dicha de dar la vida por Cristo y los premios que aguardaban en el cielo a los valientes que confesaban su Nombre. Y lo hizo con tal inspiración divina, que mientras estaba hablando una luz celestial resplandeció en torno a él, sus ropas resplandecían y siete ángeles aparecieron sobre su persona. Las palabras y el portento visto, no solo fortalecieron a los hermanos, sino que convirtieron a Trianquilino y Marcia, Nicostrato y Zoé, que también serían mártires. Cambiaron todos las lágrimas de dolor por las de gozo, al conocer la fe cristiana y por contar con dos valerosos confesores en la familia. Y los nuevos conversos fueron bautizados por el sacerdote Policarpo.

Pasaron los treinta días de gracia, que la familia y amigos vivieron en oración y actos de caridad. Al cabo llamó Cromacio a Tranquilino y al preguntarle si había logrado cambiar a sus hijos, el santo viejo le confesó que no, y aún más, se había hecho cristiano él mismo, su mujer y toda su familia. Sabido es, según las Actas de San Sebastián, que Cromacio también aceptó la fe cristiana, lo cual le logró la salud, pues curó de gota. Al convertirse, lo mismo hizo su familia, de la cual su hijo San Tiburcio (11 de agosto) fue mártir. Esta conversión de Cromacio hizo que Marco y Marceliano quedaran libres y se juntaran con Sebastián continuando su labor de socorrer a los fieles. Pero una vez que Cromacio se retiró de la vida pública, le sucedió Fabiano, declarado enemigo de los cristianos, que renovó la persecución contra ellos. Averiguó cuales eran las causas pendientes contra los discípulos de Cristo y mandó arrestaran a todos los que habían sido liberados.

Fueron por segunda vez detenidos Marco y Marceliano, y como ya estaban sentenciados a muerte, y persistían en confesar a Jesucristo, mandó Fabiano que se ejecutase la sentencia sin más interrogatorio. Fueron atados los hermanos a un tronco, traspasándoles los tobillos con dos grandes clavos, y aunque el dolor era insoportable, ellos entonaban el salmo 133: "Ecce quam bonum et quam jucundum habitare fratres in unum", como alabanza al Señor. Pasaron así un día y una noche, sin cejar en su resolución. Por última vez intentó Fabiano que apostataran prometiéndoles liberarles, pero ellos respondieron "Nunca hemos sido tan felices, y preferimos permanecer aquí hasta que nuestra alma se libere de su la envoltura de nuestro cuerpo". Entonces Fabiano mandó fueran traspasados con lanzas, acto que les valió la muerte, el 18 de junio de 286, 287 según otros. 

Fueron enterrados a cuatro leguas de la ciudad, en un campo que se llamaba "de las Arenas", entre las vías Apia y Ardeatina, donde después habría un cementerio con su nombre. En tiempos del papa Teodoro sus reliquias fueron trasladadas a Roma, como las de tantos mártires, y depositadas en una iglesia, cuya memoria se perdió hasta el siglo XVI. En 1582, con las reformas promovidas por el cardenal Baronio en la iglesia San Cosme y San Damián, los cuerpos fueron hallados junto al de San Tranquilino, su padre, que terminó siendo martirizado a pedradas. 



Fuentes:
-"Año cristiano o Ejercicios devotos para todos los días del año". Junio. R.P. JUAN CROISSET. S.J. Barcelona, 1862.
-"Vidas de los Santos". Tomo VI. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD.

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