viernes, 8 de mayo de 2015

Beato Luis Rabatá, carmelita mártir.


Las fuentes más fiables que tenemos del Beato Luis Rabatá (8 de mayo) son los procesos canónicos de fama y virtudes con vistas a la canonización, que nunca llegó. De su infancia y juventud nada  se sabe, incluso el año de nacimiento es incierto, sobre 1443, en Erice, Catania. Nada conocemos de la familia, aunque los procesos hablan, por suposiciones de los testigos, que se educó en una familia muy cristiana, que le inculcó las letras y la piedad. Las primeras referencias dicen que profesó en el convento de La Anunciación de Trápani, donde fue ordenado sacerdote. Según testigos, fue un sacerdote ejemplar, caritativo. Gran predicador de la penitencia y la conversión, la misericordia divina y del juicio justo de Dios. No se sabe a ciencia cierta cuando fue nombrado prior de Randazzo, convento que pertenecía a la Reforma Calistiana, llamada así por haber sido aprobada por Calixto III en 1456. Ayunaba, siguen los procesos, a pan y agua constantemente y, cuando fue nombrado prior, era en menor de todos, eligiendo los oficios más humildes y que otros rechazaban, incluso el de limosnero. cumpliendo fielmente el punto 15 de la Regla del Carmen, dada por San Alberto de Jerusalén (17 de septiembre y 8 de abril):
"Tú, hermano, y cualquiera que te suceda en el cargo de prior, recordad siempre y poned puntualmente por obra la máxima del Señor en el evangelio: 'El que quiera ser grande entre nosotros, que sea vuestro servidor, y el que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo'" (Mt 20, 26-27: cfr. Mc 10, 43-44).
Promovió mejoras en la ciudad de Trápani, como mejorar el acceso a la ciudad, y algunos saneamientos. En este cargo de prior le llegó la muerte, por una herida en la frente causada por una flecha que le disparó Antonio Catalucci porque el Beato había reprendido públicamente las costumbres de su hermano, un religioso que provocaba escándalo en la ciudad con su conducta. Otra versión dice que fue porque el beato convirtió a la hermana de este Catalucci, que vivía como concubina de su propio hermano. Pero ni está claro esto, pues Luis, en los meses que duró la dolorosa agonía (la herida se gangrenó, pasando la infección al resto de la cabeza) no acusó a nadie, ni dijo la causa (tampoco desmintió que fuera Catalucci). Sólo decía, al ser preguntado sobre el agresor: "Dios lo perdona. Sea para gloria de Dios".

La versión que trascendió y que le canonizó fue esa: fue mártir por la conversión de sus fieles, y su iconografía lo ha consagrado como mártir, poniéndole la palma de martirio y la flecha en la frente como atributos típicos. Según Lezana, en su Analecta 503, el cuerpo fue llevado a la iglesia, y los funerales duraron tres días, en los que se observó la lozanía del cuerpo, la cauterización exterior de la herida, de la que quedó solo un punto como recuerdo. El cuerpo no despedía ningún olor. Se verificaron curaciones de fiebres, nervios, etc.

En 1553 se abrió un proceso informativo, y otro en 1573. En ellos se recoge este portento, que nos recrea nuestro viejo conocido del blog: “Flores del Carmelo”:
El Beato Ludovico Rabatá (...) para declarar el cielo su santidad, hizo una demostración bien rara, y fue, que habiéndose pintado un cuadro donde estaban los santos de la Religión, y no habiendo puesto en él al beato Padre, por la mañána apareció pintado entre los demás, con su diadema".
Urna relicario de Luis Rabatá
Gregorio XVI aprobó el culto local que se le tributaba el 10 de diciembre de 1841. El 6 de abril de 1842 se aprobó la oración propia, y el 11 de mayo de ese mismo año se le proclamó beato, permitiendo a los carmelitas celebrar su memoria el 8 de mayo. Lezana relata otros milagros, tomados, dice, de los procesos de 1573, obrados por medio de sus reliquias: Liberación de posesos, fiebres y parálisis desaparecidas. Sus reliquias se conservan en la Basílica de la Asunción de Santa María en Randazzo, y en Erice, su ciudad natal. Su cráneo, en el que es visible la herida, se muestra, junto a la flecha y la ballesta del asesino, en un relicario a la veneración de los fieles.

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