martes, 2 de diciembre de 2014

De Santa Bárbara, dos.

Normalmente se cree y se dice, incluso por expertos, que muchos santos han salido de leyendas no comprobadas y muy posteriores al momento en que cuentan que vivió dicho santo. Esto es cierto sólo en parte. Para que surja un escrito, legendario o no, es necesario que "algo" haya habido antes: una existencia difuminada, un culto muy anterior. Precisamente las leyendas (de santos u otras), se escriben para dar respuesta a algo que se conoce solo a medias pero de lo cual no se tiene constancia de sus orígenes o causas. Y este esquema siguen los mismos evangelios, donde hubo una experiencia, una predicación, un culto, y luego una escritura; en este orden. En el caso que nos atañe hoy, Santa Bárbara, no tengo duda que hay un germen de verdad: una mártir conocida y venerada localmente, incluso es posible que sea más de una, cuyas vidas se hayan fundido en una leyenda:

Santa Bárbara, virgen y mártir. 4 de diciembre. 
Lo más antiguo escrito,  conservado, que se conoce de Santa Bárbara, es del gran hagiógrafo de la antiguedad San Siméon Metafraste (28 de noviembre) que escribió su "vida" en el siglo VII, pero consciente de que ya era conocida y venerada por lo menos desde el siglo IV, por lo que debió basarse en documentos anteriores. Este escrito menciona algunos datos milagrosos, y aleccionador, pero se puede considerar bastante fiel a un hecho real. Otro escrito importante, pero que hace demasiadas y sospechosas incidencias en lo milagroso es un códice del siglo IX y es el que ha conformado la historia de Bárbara como la conocemos hoy día. Hay varias versiones sobre su martirio: unas situan el hecho en el 235, mientras que otras lo hacen en el 305 u otras fechas. Tampoco existe unanimidad en el lugar donde se produce el martirio, siendo Nicomedia (Asia Menor), y Heliópolis (de Siria o de Egipto) los sitios más probables. Otra leyenda la quiere en Hipona, Sacandriglia o incluso en Roma, sin mucho criterio. Asimismo se disputan la posesión de la venerada tumba las ciudades de Piaenza, Reti, Venecia, Mantua, Padua y Babilonia. Las reliquias de la Santa, se hayan repartidas por todo el mundo, y de ser todas verdaderas, plantearían serios problemas de anatomía, por su cantidad y disparidad de tamaño. En San Juan del Hospital, Valencia se venera la columna en la que fue azotada y otras reliquias.

La leyenda más conocida hasta hoy día es la que dice que el siglo III una joven llamada Bárbara, hija de un tal Dióscoro, funcionario o administrador de Nicomedia, y fue encerrada por este en una especie de torre de su casa, con todas las comodidades posibles, para alejarla del mundo y darle buenos estudios (?). Allí, por medio de la esclava que la servía, la joven conoció el cristianismo, se convirtió e hizo voto de castidad. La torre en la que fue encerrada tenía dos ventanas y fue reformada por petición de la Santa, con una tercera que recordara la Santisima Trinidad. Allí vivió dedicada a la oración, en una época de persecusiones y martirios, hasta que un día el padre encontró en el baño de su hija una cruz inscrita. Indignado le denunció por cristiana y la entregó al Pretor Martiniano (Marciano en otras versiones), que al no poder convencerla de que renunciara a su fe y se casara, la condena a muerte. Dioscoro cumple el mandato del Pretor, de buena gana y decapitándola personalmente. Cuando Dióscoro vuelve a casa, después de la ejecución, un rayo cae sobre él, produciendole la muerte. Hasta aquí lo más conocido y divulgado, pero hay otros detalles que se narran, según las versiones:

Juliana, una chica de la que no se conoce nada, es martirizada junto a Bárbara. Unas versiones dicen que se bautizó ella misma, otras que le bautizó San Juan Bautista (24 de junio, Natividad; 23 de septiembre, Imposición del nombre; 24 ó 21 de febrero, primera Invención de la cabeza; 29 de agosto, segunda Invención de la cabeza, hoy fiesta de la Degollación; 25 de mayo, tercera Invención de la cabeza), y la más valiente, que el mismo Cristo lo hizo apareciéndosele.

Se habla de que Bárbara y Orígenes, el gran escritor cristiano, mantuvieron correspondencia. Otras leyendas narran que Bárbara fue flagelada, pero los azotes se convertían en plumas de pavo real (este animal le está consagrado a Santa Bárbara). Se dice de que al ser desnudada del cielo cayó un manto blanco de pureza que la cubrió. Otros van más allá y nos dicen que escupiendo a los ídolos de su padre estos cayeron destruidos. Padeció, además, los martirios del fuego, el potro, fue apedreada, que le cortaron los pechos, golpeada de diverosos modos, etc. Otros escritores, como Simón Metafastre, nos narran que su baño quedó consagrado para siempre como una piscina milagrosa en la que los que se bañaban obtenían la curación, lo cual está constatado en el culto que recibió. En fin, que según pasó el tiempo y la devoción creció, los detalles milagrosos fueron aumentando.


Santa Bárbara da la comunión
a San Estanislao Kostka
En el siglo IX ya consta al menos un oratorio dedicado en Roma a su memoria. Pedro II de Orseólo (hijo del santo de mismo nombre) trasladó sus reliquias a Venecia. O unas reliquias, pues muchas hay. Según la devoción fue avanzando y aumentando, la iconografía y los patronatos van igualmente aumentando y conformándose hasta establecerse. El hecho de la muerte de su padre por medio de un rayo la haría protectora contra las tormentas, la muerte súbita y el fuego en general. La difusión de la pólvora en usos cotidianos y su relación con las explosiones y el fuego, fue un hecho determinante en el crecimiento de la devoción a Santa Bárbara, probablemente la santa más universal que exista. Soldados, bomberos, artilleros, pirotécnicos, mineros, carboneros, canteros, arquitectos, marineros (los barcos españoles guardan los proyectiles, la pólvora y explosivos en un sitio llamado santabárbara).

La genérica espada martirial se hace casi fija, por el martirio final de la decapitación. La torre ya está presente desde el medievo, junto al rayo, que va perdiendo fuerza para irla ganando, desde la contrareforma, el cáliz con el sacramento. A esto contribuyó, sin duda, la predicación jesuita, que la pone bajando del cielo y dando la comunión al devoto joven San Estanislao Kostka (13 de noviembre y 15 de agosto). Este milagro, más la protección contra la muerte súbita, la consagró definitivamente como especial abogada a la hora de la muerte y para no morir sin sacramentos. Solo San José podría desbancarla de este patronato y sólo el siglo XIX.


Ramón Rabre.

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