martes, 22 de abril de 2014

Persecución y Pascua en Nigeria

Católico nigeriano (CNS/ Nancy Ph)
En 2014 Nigeria asumió como la mayor economía de África y 26 del mundo; según la revista People With Money, Goodluck sería el jefe de Estado mejor remunerado del mundo en 2014, con unos emolumentos de unos 82 millones de euros; el pueblo se empobrece, pues en 2012 el 61% de los nigerianos vivía con menos de un dólar al día frente al 52% del 2004; además la violencia se acerca más a las grandes ciudades. 

El 13 de abril de 2014 Boko Haram mató más de 70 personas e hirió unas 124 en un atentado contra una estación de autobuses en Abuya; el mismo día mató casi 80 personas en el Estado Borno, al N del país; la noche del 14 de abril secuestraron más de 129 adolescentes (de 16 a 18 años de edad) en una escuela de Chibok (Borno), tras matar un soldado y un policía que las cuidaban, las raptaron en cuatro camiones; en febrero de 2014, habían atacado otra escuela secundaria en Buni Yadi (nordeste del país) y mataron a casi medio centenar de estudiantes. Otras muertes indiscriminadas han seguido sucediendo. 

La revista Huellas trae una destacada entrevista de Davide Perillo a Ignatius Kaigama, de 55 años, arzobispo de Jos y presidente de los obispos de Nigeria, donde muestra cómo los cristianos de su país enfrentan el miedo a la muerte y la tentación de responder con violencia, ante los ataques del grupo Boko Haram; la Pascua y Resurrección de Cristo dan sentido a sus vidas. La entrevista es la siguiente: 

"-¿Por qué Boko Haram se ha convertido en un peligro tan potente? Usted ha dicho recientemente: «Hace un par de años era un grupo de fanáticos armados que sólo tenían arcos, flechas y machetes: ahora están organizados, tienen armas y dinero». ¿Qué ha sucedido? 

-Boko Haram está cambiando su naturaleza. Se está convirtiendo en otra cosa. Al principio se quejaban de la decadencia moral de la sociedad. La tomaron con la educación y las costumbres occidentales. El objetivo éramos solo los cristianos. Querían eliminar el cristianismo del país. Pretendían que el presidente de Nigeria fuera un musulmán y atacaban casi exclusivamente las iglesias. Ahora su actitud es diferente. Atacan a todo y a todos: instituciones, bancos, escuelas... y hombres, sin demasiadas distinciones. Se están transformando en una fuerza política. Con una agenda que aún no está clara pero que cuenta con apoyos dentro y fuera de Nigeria. La comunidad internacional debería ayudarnos a descubrirlos.

-Entonces, no es una guerra de religión.

-Siempre lo hemos dicho, y lo que está sucediendo ahora lo confirma. Bombas como las de la estación de autobuses de Abuja no distinguen entre cristianos y musulmanes. En el norte también se ven ya ataques que sólo tienen explicaciones políticas. Los terroristas buscan la anarquía y el caos. Ciertamente, cuando atacan a hombres de Dios lo hacen por motivos religiosos, pero son ámbitos que se cruzan, haciéndolo todo más complicado.

-Pero para ustedes cambia poco, siguen siendo los primeros objetivos.

-En sus cabezas permanece la idea de eliminar el cristianismo y sustituirlo con el islam, sobre esto no hay duda. La Iglesia siempre está en el objetivo. Muchas de las escuelas atacadas, por ejemplo, son cristianas, no es casual. Tenemos muchos enemigos también en casa, dentro del propio sistema. Pero tengo grandes esperanzas en que encontraremos las palabras adecuadas para purificar sus corazones e intenciones.

-¿De dónde pueden venir esas palabras? En el Meeting de Rímini, hace dos años, usted recordaba una frase que a menudo les dice a sus fieles que buscan venganza: «El cristianismo no busca la guerra sino la paz». ¿Qué quiere decir? ¿Cuál es el papel de la Iglesia en esta situación?

-Hacer posible el diálogo y la esperanza. No es fácil. Los terroristas están tan acostumbrados a destruir y a matar que casi ya no son capaces de escuchar al otro. Pero nosotros debemos seguir pidiendo a Dios que cambie los corazones. Debemos reclamar siempre a la no violencia. Y animar a nuestra gente, especialmente a los más jóvenes, a no tener miedo. Muchos de ellos están viviendo una vida llena de dramas, de confusión… Nuestro papel consiste en darles esperanza, en recordar a la gente: «No temáis la oscuridad, eso no importa. Todavía hay luz».
Mons. Kaigama y el periodista
Perillo (www.magyarkurir.hu)

-¿Dónde?

-En la cima del Calvario. Estamos siendo puestos a prueba, pero nuestra vida es vida con Jesús y para Jesús. Está iluminada por la Resurrección.

-En Rímini, usted recordaba que «Jesús murió en la cruz, con esa apertura de brazos de quien quiere abrazar a toda la humanidad». ¿Qué quiere decir eso hoy en Nigeria?

-El otro día, preparándonos para la Pascua, en una iglesia de Jos tuvimos un encuentro con los jóvenes que cantan en los coros parroquiales. Les dije: «Nosotros somos el pueblo de la esperanza. No podemos quedar frustrados por los que quieren abatir nuestra esperanza. No importan los ataques, la pobreza social, la amargura por el Gobierno que no se ocupa de los jóvenes. Nada de eso vence. Nuestra esperanza es Cristo. En la luz de Cristo, lo conseguiremos». Luego rezamos. Eran un centenar. Tendrías que haber visto sus caras. Reflejan la violencia, la pobreza, los problemas. Pero nuestra esperanza tiene una raíz más firme: Jesús, que es camino, verdad y vida. Y su Resurrección.

-¿Pero qué significa la Pascua en un país que vive una Pasión continua?

-Los nigerianos somos un pueblo que ha sufrido mucho. Estamos acostumbrados a «sufrir sonriendo», como dice una canción nuestra. A veces desde fuera puede parecer que el país esté a punto de desintegrarse, de romperse. Pero nosotros tenemos la capacidad de estar unidos. La Pascua tiene este sentido para nosotros: los cristianos podemos estar debilitados, heridos, parecer derrotados, pero existe la Resurrección. Y este anuncio sigue difundiéndose.

-¿Cómo vive usted la Pascua?

-Durante la Semana Santa he visitado los pueblos donde no hay parroquia o iglesia. Volví a la ciudad para la vigilia del Sábado Santo, pero luego vuelvo a irme, para compartir estos días con los que más sufren. Estaré entre la gente para llevarles este mensaje de esperanza: podemos estar olvidados por nuestros líderes políticos, pueden atacarnos, hacernos daño, pero nunca seremos derrotados. Quiero estar allí para animar a mi pueblo. La gente todavía tiene sed de la palabra de Dios, es necesaria para vivir.
Mons. Kaigama dialoga con el emir
Alhaji Haruna (www.missio-hilft.de)

-¿En qué lo ve?

-En el hecho de que vienen a la iglesia incluso poniendo en peligro su vida. Porque la posibilidad de ser atacados es real, y alta, pero la gente viene. Hace unos días celebramos las confirmaciones y la catedral se llenó de gente. Los que creen quieren vencer el miedo.

-¿Y lo consiguen?

-Hace días propuse a los fieles que se reunieran en el lugar donde construiremos la nueva catedral. Normalmente, a la gente tiene miedo a reunirse así: donde hay multitud nunca se sabe lo que puede pasar. Pues bien, estaba lleno de gente. Una marea. Un pueblo que hunde firmemente sus raíces en la fe. Son un gran testimonio e incluso me animan a mí, que soy su pastor. Salgo de casa y sé que podría ser la última vez, pero también sé que lo hago por ellos y por la gloria de Dios.

Fuente
Perillo, Davide. "El calvario nigeriano". Revista Huellas, 21 de abril de 2014. En: http://www.revistahuellas.org

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