viernes, 10 de mayo de 2013

Mártires contra el nazismo y la eutanasia

Mons. Galen
(www.lapalabra.es)
En octubre de 1939 Hitler ordenó la eutanasia eugenésica que provocó 70.273 muertes de pacientes mentales, ancianos, epilépticos, débiles mentales, y personas deformes entre 1940 y 1941. En 1779 ya Napoleón había pedido a un médico militar aplicar la eutanasia a militares infectados con enfermedades contagiosas, para frenar la epidemia. 

La esterilización masiva de enfermos fue practicada antes de los nazis en Estados Unidos, Australia, Reino Unido, Noruega, Francia, Finlandia, Dinamarca, Estonia, Islandia y Suiza, durante la primera mitad del siglo XX.

El programa de eutanasia nazi o Aktion T4 (abreviatura de la calle Tiergarten en Berlín) se realizó en seis centros de Alemania y Austria: Grafeneck (Baden-Wurtemberg), Brandeburgo, Bernburg (Sajonia-Anhalt), Hartheim (Austria), Sonnenstein (Sajonia) y Hadamar (Hesse). Este programa, dirigido por el canciller Reichsleiter Philipp Bouhler y el doctor Karl Brandt sirvió como antesala a los campos de concentración. 

Mientras muchos médicos aceptaron el programa, familiares y líderes protestantes y católicos rechazaron abiertamente el programa Aktion T4. Bajo la idea de la higiene racial y el darwinismo social, se inició asesinando niños y luego discapacitados y enfermos (reales o supuestos) todas las edades. Hitler buscó manipular la Iglesia Luterana y la Iglesia Católica, aparentaba proteger la fe cristiana frente a los “ateos” judíos, materialistas y comunistas, pero exigía a las iglesias apoyar su proyecto nacionalista; Hitler temía que el Aktion T4 se hiciera público, sobre todo donde los Católicos eran mayoría, como Austria y los Sudetes (hoy parte de Polonia). 

La Liga de Iglesias Protestantes (29 iglesias) eligió como obispo del Reich a Ludwing Müller, párroco del distrito militar, de Königsberg, y tras elecciones fraudulentas se encargó de “los asuntos de las Iglesias Protestantes”, con amplio poder sobre todo en Prusia.

Ludwig Müller formó el movimiento “Cristianos alemanes”, que exaltaba al nazismo, la raza, y a Hitler: “¡Alemania es nuestro deber, Cristo nuestra fuerza!... Dios ha dictado una ley distinta para cada raza, y en Alemania esta ley queda personificada en nuestro Führer, Adolf Hitler, y en el Estado nacionalsocialista formado por él. Esta ley se nos manifiesta también a través de nuestra Historia, fruto de nuestra sangre y de nuestra tierra… ¡Un pueblo! ¡Un Dios! ¡Un Reich! ¡Una Iglesia!”. 

El 31 de mayo de 1934 la Iglesia Protestante de Alemania se desmarcó de los “Cristianos alemanes” con la Declaración teológica de Barmer: “El primer mandamiento de la ley de Dios dice: “Yo soy el Señor tu Dios. No tendrás otro Dios más que a mí”. Las doctrinas de los “Cristianos Alemanes” vulnera este mandamiento al que nosotros no queremos desobedecer. No queremos convertir el nacionalsocialismo en nuestro Dios. No queremos adorar ídolos tales como la sangre, la raza, la nación, el honor patrio…”

Después del 5 de marzo de 1935 tras predicaciones de los Cristianos Alemanes contra la presión nazi en los púlpitos, 700 párrocos protestantes fueron detenidos. El obispo luterano de Wurtwemberg, Theophil Wurm, protestó varias veces contra el nazismo tras la detención del párroco Martin Niemoeller en 1937, y escribió al ministro Frick criticando el T4. El juez luterano Lothar Kreyssig dimitió rechazando el T4, incluso creía que Hitler era incapaz de aceptar esta ley; otros teólogos y pastores escribieron contra el T4.
Mons. Wurm (www.ekd.de)

Al establecer rápidamente un Concordato con la Iglesia Católica Hitler quería reflejar su “apertura”, sobre todo ante la fuerte iglesia católica de Austria, y para frenar los sindicatos católicos; Hitler violó el Concordato disolviendo las escuelas católicas (públicas y privadas), separó la juventud y las familias de la Iglesia; difamó a sacerdotes y la doctrina con propaganda astuta; confiscó bienes, centros e instituciones católicas; destruyó la Prensa católica y libros católicos. Faulhaber en entrevista (4 de noviembre de 1936) con Hitler le rechazó la legislación racial y la esterilización de enfermos. 

El cardenal alemán Clemens August von Galen (1878-1946) denunció desde 1941 el Aktion T4, sus sermones fueron reproducidos, y la gente realizó amplias protestas contra el T4, logrando casi eliminarlo en agosto de 1941; Hitler había planeado asesinar al cardenal de Münster al vencer en la Guerra, no lo logró y von Galen fue beatificado en 2005. El sacerdote católico Bernhard Lichtenberg (1875-1943), deán de la catedral de Berlín, apoyó las críticas de von Galen, siendo condenado; murió mientras era llevado a un campo de concentración, fue beatificado en 1996.
Víctimas del T4 (www.lacuarta.com)

Von Galen escribió: “Según noticias recibidas por mí en el transcurso de esta semana, un gran número de enfermos del sanatorio provincial de Marienthal, cerca de Münster, serán transportados, por considerarlos ciudadanos no productivos, al sanatorio de Eichberg para ser asesinados, como ha ocurrido, según convicción general, después de tales transportes desde otros sanatorios… ¡No es lícito matar! Dios ha escrito este mandamiento en la conciencia de los hombres mucho antes de que los tribunales persiguieran y castigaran el asesinato. Caín, que mató a su hermano Abel, era un asesino mucho antes de que existieran Estados y tribunales. Y él confesó, impulsado por la acusación de su conciencia: “Mi crimen es tan grande, que no encuentro perdón; ¡cualquiera que me encuentre me matará a mí, el asesino!” ¡No es lícito matar!”. 

El 5 de mayo de 1980 la Santa Sede publicó la Declaración sobre la Eutanasia, donde se mantiene la crítica a la eutanasia y la distanasia (ya Pío XII la había criticado en un discurso a los anestesiólogos, ver. Acta Apostolicae Sedis, 49 (1957), pp. 1031- 1032). 

Fuente
Dietrich Bonhoeffer y la nueva teología política, 8 pp.
Hoffman, Paul. “Jesuit Scans Origin of Hitler´s Killings.” The New York Times, March 25, 1975. 
Varga, Andrew C. Bioética. 3ª ed. San Pablo, 1994. Pp. 268- 280. 
Zentner, Kurt. El tercer Reich (II). Hacia la guerra total. Barcelona, Editorial Bruguera, 1975. Pp. 360- 378.

2 comentarios:

  1. Muy bueno el informe, nadie es dueño de la vida y menos de la muerte , no hay ninguna escusa que promueva el exterminio de personas, por eso Alemanía tiene mucho de que arrepentirse,al menos esa sociedad (segunda guerra)que enamorada del régimen Nazi permitió crímenes de lesa humanidad.Saluditos

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  2. Gracias por tu comentario, el compromiso por la vida se mantiene en nuestras sociedades, que aunque no tienen una dictadura nazi, tienen la dictadura de la opinión contra la ética y los valores cristianos como cosa anticuada, o antinatural, o anticientífica.

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