domingo, 3 de junio de 2012

Mongolia: Difícil panorama para lo católicos

AIN. “En julio de 2012 queremos abrir tres nuevas parroquias”, ha dicho el P. Kuafa Hervé en una conversación con la asociación católica internacional Ayuda a la Iglesia Necesitada, AIN. Este sacerdote católico de 34 años de edad es el párroco de la catedral de San Pedro y San Pablo de Ulan Bator, la capital mongola. En verano de 2012 se celebra el vigésimo aniversario de las relaciones diplomáticas entre este país centroasiático y el Vaticano. Desde 1992, el número de creyentes ha ido aumentando poco a poco y de forma constante. En la actualidad, el país cuenta con cuatro parroquias y unos 800 creyentes asistidos por 49 religiosas, 21 sacerdotes y un obispo. Ciertamente, no es mucho para un Estado con 2,7 millones de habitantes y una superficie de más de 1,5 millones de kilómetros cuadrados. 

En Mongolia, la religión predominante es el Budismo, que, como todas las creencias religiosas, fue combatido duramente en los tiempos soviéticos. Con la caída del comunismo la situación cambió, y hoy el Budismo es para muchos mongoles parte de su identidad nacional. Otras religiones como el Cristianismo son consideradas extrañas, y los sacerdotes como el P. Hervé, procedente de Camerún, son conscientes de ello. Desde hace cinco años, este misionero de la Congregación del Corazón Inmaculado de María (CICM) arrostra las extremas temperaturas de 30 grados bajo cero en invierno y 30 grados sobre cero en verano. 

Pero aunque la diferencia entre el día y la noche puede llegar a ser de hasta 30 grados centígrados, lo que realmente le preocupa al P. Hervé es el cambio en la percepción de la Iglesia Católica en Mongolia, pues ahora el tono ya no es tan amistoso como hace años. En la actualidad, el anuncio de la fe solo es posible en los espacios de la Iglesia; los jóvenes menores de 16 años solo pueden acudir a la catequesis previa autorización por escrito de los padres, y los sacerdotes no deben ser reconocibles como tales en el espacio público. El P. Hervé imparte clases de Inglés, Francés y Música. No está permitido dar clases de Religión, y la pastoral se realiza exclusivamente en la iglesia. Por todas estas razones, el P. Hervé recalca que los católicos mongoles pertenecen a una “Iglesia acosada”. 

Cristianos católicos de Ulan Bator, capital de Mongolia.
Actualmente Mongolia cuenta solo con 800 cristianos,
repartidos en cuatro parroquias. Foto: AIN.
A partir de principios del siglo XX y hasta la época soviética, en el país habían misiones católicas. Tras la caída del Telón de Acero, la Iglesia reinició su actividad y el interés por la fe católica fue en aumento. En 1992, el Gobierno democrático poscomunista invitó a la Iglesia Católica a su país, poniendo expresamente el acento en su interés por las escuelas e instituciones sociales. En 2002, año en que el Vaticano instauró la Prefectura Apostólica de Ulan Bator, Mongolia contaba con tan solo 114 católicos. Un año más tarde se consagró en la capital la catedral de San Pedro y San Pablo. El edificio recuerda a una yurta, la vivienda redonda tradicional de los nómadas de Asia Central, fabricada con postes ligeros y fieltro blanco. 

    
Iglesia de la Santísima Trinidad en
Ulam Bator. Foto: Vatican Insider.
El interés por la Iglesia Católica sigue vivo en Mongolia, y AIN lleva ya un tiempo apoyando las iniciativas pastorales de la Prefectura Apostólica de Ulan Bator. El último proyecto consistió en la financiación de un todo terreno para la pastoral, necesario debido al mal estado de las carreteras y las grandes distancias en este país. Según señala el P. Hervé, en Mongolia hay que perseguir con paciencia los objetivos. Y añade: “Pese a todas las dificultades, estamos empezando de cero en muchos ámbitos. Nosotros nos acercamos a la gente, porque queremos enseñarles que, tal y como dice Benedicto XVI en Deus caritas est, el servicio de la Iglesia es un servicio de amor ‘que presta la Iglesia para atender constantemente los sufrimientos y las necesidades, incluso materiales, de los hombres’. Y la Iglesia enseña el valor de la relación personal con Dios a través de la oración y la voluntad de reconciliación”

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