jueves, 14 de junio de 2012

El martirio de la Iglesia Ortodoxa II


La isla Solovki
(amedeo.ricucci.it)
En 1920 el monasterio ortodoxo de la isla Solovki fue convertido en lager para prisioneros de la guerra civil; el complejo monástico, fundado en el s. XV en un archipiélago del Mar Blanco, estaba en una zona polar y era santuario de oración y peregrinación de los rusos. En 1923 Solovki fue transformado en “lager de destinación especial”, o sea, para líderes y fieles ortodoxos, católicos, georgianos, armenios, así como musulmanes, entre 1920 y 1939 estuvieron allí un millón de detenidos; fue uno de los lugares que inspiró la novela “Archipiélago Gulag” del ruso Alexander Solzhenitsyn. 

“Por cinco siglos la Solovki ha oscurecido la mente del pueblo. Hoy surge un campo de concentración, donde vienen reeducados los ciudadanos que han cometido crímenes... Muere el eco de las campanas de Solovki. Se desata una nueva vida... la Solovki es ahora el sanatorio que resana la enfermedad del pasado.” Decía en 1925 el periódico comunista “Mensajero de la Carelia. En Solovki fueron encarcelados el katholikós (patriarca) de los Georgianos, el exarca católico Fedorov (de rito bizantino), el administrador apostólico católico Akop Bakarat`jan (de rito armenio), el arzobispo lituano de Kaišiadorys (encarcelado dos veces, logró sobrevivir), y numerosos obispos ortodoxos. 

Homenaje a las víctimas de Solovki
en 2007 (asianews.it) 
En mayo de 1926 el metropolitano de la Iglesia Ortodoxa Sergei (Stragorodsky) tuvo que expresar pública adhesión al régimen, lo cual no detuvo las persecuciones; Sergei se mostró débil con el gobierno soviético y fue criticado por los obispos prisioneros en la isla Solovki (memorándum del 27 de septiembre de 1927). 

En Solovki los prisioneros mantuvieron las celebraciones litúrgicas hasta 1929, cuando fueron prohibidas por el Estado soviético; pero se mantuvo la oración a escondidas, a menudo en silencio celebraban y oraban clérigos de ritos distintos que antes discutían. Fueron perseguidos los católicos, luteranos, evangélicos (bautistas), armenios, “viejos creyentes” (ortodoxos cismáticos), budistas y musulmanes.

El exarca católico Fedorov concelebraba junto a obispos católicos y bizantinos, en una celebración ecuménica que les recordaba la oración de los primeros cristianos, como lo describió el diácono ortodoxo Vasilij; los presos conservaban el escaso pan y por la noche celebraban la eucaristía sobre una mesita, y aunque la Iglesia Ortodoxa exige la presencia de una reliquia en el altar esa ausencia no era obstáculo para la celebración. Monjes que antes habitaron el monasterio fueron obligados a seguir trabajando en la isla en el campo y la cocina, y clandestinamente llevaban el vino para las eucaristías. 

En Roma el Papa Pío XI (1922- 1939) criticaba los atropellos del gobierno soviético contra la religión. En 1937 Stalin ordenó asesinar a todos los clérigos y religiosos encarcelados, siendo fusilados 105.000 entre 1937 y 1938 (60.000 prisioneros sobrevivieron). Todavía en 1937 la mitad de los rusos (más de 55 millones de personas) se declaraban creyentes en un censo secreto ordenado por Stalin, que además se incomodó por el descenso de la población (por las hambrunas provocadas, y los crímenes de Estado), ordenó archivar el censo, y asesinar a los funcionarios que censaron. 

Florenskij (olandesevolante.com)
En la isla Solovki fue fusilado en diciembre de 1937 el padre Pavel Florenskij, notable intelectual e investigador de las persecuciones, quien escribió “El destino de la grandeza es el sufrimiento”. Pero también murieron en Solovki dirigentes soviéticos acusados de traición, como Zorin, el primero que había levantado la bandera comunista sobre el monasterio de Solovki. 

De 1937 a 1938 fue fusilado el katholikos de los Armenios, Khoren I (Muradbekian), y disueltas las ocho eparquías armenias y las 50 parroquias de la Armenia rusa. 250 obispos ortodoxos murieron asesinados o por las condiciones de la prisión. Los laicos rusos muertos por su fe pueden llegar de 150.000 al millón, se trata de personas vinculadas a los consejos parroquiales, creyentes que rechazaban el saqueo o clausura de las iglesias, parientes de los sacerdotes (esposas, hijos, etc.). 

La persecución se calmó durante la II Guerra Mundial, cuando se abrieron unas diez mil iglesias, y en 1943 se nombra Patriarca al arzobispo metropolitano Sergei (1867-1944) y se permite publicar la Biblia; Stalin buscaba unir a los rusos ante la amenaza nazi y mejorar su imagen ante los Aliados de Occidente, pero la población (sobre todo mujeres) acudía a las iglesias con recelo. 

En los años 60 de nuevo hubo persecuciones y cierre de iglesias, y solo hasta 1987 cesó la presión estatal. En 1968 el patriarca ortodoxo de Constantinopla, Atenágoras, dijo: “Los cristianos rusos han vencido el totalitarismo en su país. Lo han vencido con la fe, la oración, el sufrimiento de los confesores y los mártires... Su victoria no se ve todavía. Muchas cosas pesadas flotan en la superficie de la historia; pero todo ha cambiado en los profundo”. En el Vía Crucis del 3 de abril de 1994 Juan Pablo II habló a favor del ecumenismo: “Estamos unidos en estos mártires entre Roma, entre la “montaña de las cruces” y la isla Solovki y tantos otros campos de exterminio. Estamos unidos sobre el fondo de los mártires: no podemos no estar unidos”. 

Fuente: 
Riccardi, Andrea. Il secolo del martirio. I cristiani nel novecento. Milano, Mondadori, 2000. pp. 25- 50.
Ver también: "El martirio de la Iglesia Ortodoxa I", en http://cristianosperseguidosayeryhoy.blogspot.it

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