martes, 8 de mayo de 2012

Mártires olvidados de la Cortina de Hierro II

Mons. Beran (svornost.com)
Checoslovaquia era un país con una sociedad civil bien organizada antes de 1948, estaba entre los diez países más industrializados del mundo, tenía cuatro partidos políticos, sindicatos unificados, asociaciones deportivas, todos fueron disueltos en menos de un año. La Iglesia Católica ofreció más resistencia que la Iglesia Ortodoxa, sobre todo por la mejor preparación intelectual de clérigos, religiosos y líderes laicos, así como la presencia de religiosos y religiosas de otros países europeos. 

El gobierno soviético primero intentó infiltrar al clero católico consiguiendo pocos colaboradores en Hungría y Checoslovaquia, pero al encontrar más resistencia recurrió a la difamación (la típica acusación de trabajar para la CIA, espiar para el Vaticano, organizar complot, etc.), persecución, juicios prefabricados, reclusión y asesinato. 

En 1949 fue encarcelado el arzobispo de Praga Josef Beran (quien antes había sufrido en los campos nazis de Terezin y Dachau), se encarcelaron distintos vicarios y en 1950 se encarceló a los líderes de las comunidades religiosas, los religiosos fueron expulsados de los conventos o encarcelados, y a los obispos se les aisló de contacto con el exterior; el redentorista Mastilak, rector del Instituto Teológico, fue condenado a 132 años de prisión. En 1946 la Iglesia Greco-ortodoxa de Ucrania fue anexada a la Iglesia Ortodoxa, y el arcipreste de la Rutenia soviética József, fue llevado al gulag de Vorkuta (Siberia). En 1950 la Iglesia Greco-ortodoxa de Eslovaquia oriental fue anexada a la Iglesia Ortodoxa y se procesó a los líderes católicos como Stanislav Zela, vicario general de Olomuc (Moravia central), se encarceló tres obispos greco-católicos en Bratislava (Eslovaquia). 

Desde 1952 se encarceló a intelectuales católicos como la profesora de Historia del arte de la Universidad Karel, Ruzena Vackova, heroína de la resistencia contra el Nazismo; en Brno (Moravia) se dio el más grande proceso político contra hombres de letras en la historia europea del s. XX, a los cuales se hizo “confesar” bajo todo tipo de torturas, como el intelectual checo Bedřik Fucik. En 1954 fue encarcelado el obispo de Litomĕřice (Bohemia central), Stepan Trochta, que también había sufrido en los campos de concentración nazi de Terezin, Mauthausen y Dachau. 

Vackova (chasingaphrodite.com)
Al olvido de los mártires contribuyó que en 1989 la oposición polaca pidiera olvidar los crímenes comunistas contra dos o tres generaciones del país; excepto en Alemania y República Checa, en los demás países antes vinculados al Pacto de Varsovia, a los comunistas se les permitió seguir activamente en política, igual que los miembros de la policía. 

Los testigos de la fe católica tras la Cortina de Hierro fueron poco destacados en occidente y al caer la URSS se les olvidó, se les vio como figuras conservadoras y se apoyó la transición a la democracia con un olvido que se mantiene en Rusia y Ucrania; en 1992 se separan Eslovaquia y República Checa, república desde 1994 se han dado grande pasos a nivel político y académico para recuperar esa memoria, como también los católicos de Hungría, Rumania y Albania. 

Fuente
Bartosek, Karel. “Europa central y del Sureste”, en El libro negro del comunismo, Planeta- Espasa Calpe, 1998. pp. 441- 462. 
Possieri, Andrea. “Gli sguardi deformati sui martiri cristiani del comunismo”, L`Osservatore Romano, 26 de abril de 2012.

No hay comentarios:

Publicar un comentario