sábado, 14 de abril de 2012

Pakistán: El problema de las conversiones forzadas

Akram Gill, Ministro de Estado para la
Armonía Nacional de Pakistán.
(Foto: 1Pakistán)
Fides. La Comisión Nacional para las Minorías, órgano de gobierno de Pakistán, dedicará un encuentro específico a la vieja cuestión de las conversiones forzosas al Islam. Lo confirma a la Agencia Fides, el Ministro de Estado para la Armonía Nacional, el católico Akram Gill, explicando que “los parlamentarios pertenecientes a las minorías religiosas, en la Asamblea Nacional y en las provinciales, han informado varias veces al Ministerio sobre esta delicada cuestión, que afecta a la libertad de conciencia y de religión”. A raíz de estas peticiones, la Comisión para las Minorías, presidida por el mismo Ministro Gill y compuesta por representantes de todas las comunidades religiosas, se reunirá en los próximos días para examinar el fenómeno, entender sus dimensiones y alcance y estudiar estrategias para contenerlo.

La cuestión de las conversiones forzadas al Islam afecta principalmente a las mujeres de las comunidades cristianas e hindúes, que en Pakistán son las dos principales minorías religiosas: de unos 180 millones de habitantes, alrededor del 95% musulmanes, los cristianos representan alrededor del 3%, los hindúes menos del 2%.

   
Las que sufren por doble partida son las
mujeres que pertenecen a las minorías
religiosas. Son tratadas como mercancía.
(Foto: Vatican Insider)
El Ministro explica a Fides que “las conversiones forzadas son una plaga que en las instituciones, en la sociedad, pero también a nivel religioso, no se puede tolerar. Sabemos que el Islam es una religión liberal y que nadie puede o debe obligar a otro ser humano a cambiar su fe. Queremos garantizar el pleno respeto a la libertad de culto y de religión”.

Según los datos recogidos por las fuentes de la Agencia Fides, alrededor de 700 mujeres cristianas en Pakistán cada año son secuestradas y obligadas a la conversión forzosa. La mayoría de los casos se registran en Punjab, la provincia central de Pakistán donde el extremismo islámico prospera en la sociedad y en la política. Pidiendo el anonimato por razones de seguridad, una religiosa católica de Punjab que ayuda a las víctimas de las conversiones forzadas, dice a Fides que recibe, en promedio, una señalación cada semana. Según la religiosa el fenómeno está aumentando por varias razones: “En primer lugar, las mujeres son consideradas mercancía sin valor y las de las minorías religiosas son esclavizadas por partida doble”. Además “la crisis económica y la pobreza empujan a muchas personas a buscar refugio en la fe y la conversión de un nuevo fiel al Islam se considera un mérito para el paraíso”.

Todo aquél que se atreva a denunciar
casos como el de la absurda "ley de la
blasfemia" corre el riesgo de ser asesinado
por los fundamentalistas islámicos.
(Foto: News.va)
Las mujeres hindúes que sufren el mismo trato, según estimaciones de las ONG en Sindh, son unas 400 cada año. Por esta razón, el nuevo Arzobispo de Karachi, Su Exc. Mons. Joseph Coutts, ha pedido a la Comisión “Justicia y Paz” de su diócesis que efectúe una búsqueda y realice un informe específico sobre el fenómeno, ya que la comunidad hindú en Pakistán vive en su mayoría en la provincia de Sindh, de la que Karachi es la capital.

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