domingo, 29 de abril de 2012

Camboya: "La memoria de los mártires es un legado que los fieles debemos custodiar"

Resumen/Fides. “Orgullosos y honrados de ser discípulos de Jesucristo”: así dice Su Exc. Mons. Olivier Schmitthaeusler, MEP, Vicario Apostólico de Phnom Penh (Camboya), invitando a los fieles a celebrar la memoria de los mártires camboyanos en una vigilia solemne de oración que se celebrará el 5 de mayo en Tangkok. La memoria de sus mártires es una herencia y un legado de fe que los fieles camboyanos están llamados a custodiar. 

Mons. Schmitthaeusler, recordando la proclamación de la Resurrección, exhorta a los fieles -por medio de una carta pastoral- a “ser testigos de esa esperanza que ha cambiado la faz de la tierra”, e insiste: “Debemos estar orgullosos y honrados, porque somos hijos e hijas de Dios, porque Dios ha realizado una alianza con cada uno de nosotros, porque Dios ha resucitado a Jesús, y nos ha dado la vida eterna”.

“Jesús nos ha enseñado a servir, a ocupar el último lugar y llevar nuestra cruz”, señala el Obispo, deteniéndose sobre la condición de la Iglesia en Camboya, recordando la contribución de los mártires: “Los acontecimientos del genocidio de Pol Pot han demostrado como las semillas de la fe sembradas por nuestros antepasados ​​estaban vivas. La Iglesia ha sido diezmada: la sangre de nuestros Obispos, de nuestros sacerdotes, de nuestros hermanos y hermanas, de cientos de personas bautizadas, ha sido derramada para hacer fecundos nuestros campos de arroz. La Iglesia vive de aquellos que han dado su vida por amor”.

Cristianos de Camboya. (Foto: Revista Misioneros)

Por ello, señala Mons. Schmitthaeusler, los fieles pueden estar “orgullosos y honrados” de ser miembros de la Iglesia que peregrina en Camboya, “porque la sangre de nuestros mártires anima nuestras almas, nuestras comunidades”. El Vicario invita a los fieles a participar activamente en las celebraciones y actividades de las parroquias, dando “testimonio del amor y la misericordia de Dios con todos los hombres”.

Alrededor de dos millones de camboyanos fueron asesinados entre 1975 y 1979, bajo el regimen de terror instaurado por los Khmer rojos de Pol Pot. Muchas comunidades cristianas que vivían en aldeas prósperas, organizadas con iglesias, escuelas y dispensarios, fueron desplazadas y diezmadas. Entre los mártires camboyanos se encuentran el Obispo Paul Tep Im Sotha, primer Prefecto Apostólico de Battambang, y el Padre Jean Badre, brutalmente asesinado en 1975.

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