sábado, 17 de marzo de 2012

Siria: entre las denuncias de violencia y el miedo de un éxodo cristiano

Foto: Vatican Insider.
Por: Alessandro Speciale
Vatican Insider.

El Papa Benedicto XVI y Su Beatitud Gregorios III Lahm, patriarca sirio de los greco-melequitas, sostuvieron el pasado 15 de marzo (2012) un encuentro privado en el Vaticano. El contenido de la discusión es, naturalmente, confidencial. Pero es fácil pensar que la situación en el país, las constantes protestas en contra del régimen de Bashar al-Assad y la violencia para reprimirlas hayan ocupado gran parte del encuentro. Sobre todo porque, en las últimas semanas, ha comenzado a surgir un cierta cierta división entre la postura articulara de la Santa Sede (del Papa, en primer lugar, y de sus diplomáticos, empezando por el nuncio en Siria, monseñor Mario Zenari) y la del episcopado católico de Damasco y del país.Y no parecen solo diferencias con respecto a matices, provocadas por la necesaria prudencia de los que viven en un país inestable y dividido. Para la diplomacia vaticana, la “línea” sobre Siria (indicada en ocasión de la casi fallida conferencia de los “amigos de Siria” en Túnez, a la que acudió la Santa Sede como observador, con la presencia del nuncio en Egipto y en la Liga Árabe, monseñor Michael Fitzgerald) se encuentra resumida en las palabras que el Papa pronunció durante el Ángelus del 12 de febrero pasado. 

El Papa Ratzinger, en aquella ocasión, dirigió un fuerte mensaje para acabar con la violencia y con el derramamiento de sangre, y pidió que todos, empezando por las autoridades políticas de Siria, abrieran un diálogo para «responder a las legítimas aspiraciones de los diferentes elementos de la Nación», así como a las deseos de la comunidad internacional, preocupada por el bien común de toda la sociedad y de la región. Un mensaje para que se involucre la comunidad internacional para resolver la crisis y para indicar que hay que escuchar todas las voces de un país dividido (incluidas las de los que componen la oposición).

El nuncio en Siria, que se refirió a estas palabras, al hablar con la Radio Vaticana y en muchas ocasiones, no dejó pasar la ocasión para denunciar la violencia del régimen, desde el asesinato indiscriminado de niños en Homs hasta los cadáveres escondidos en contenedores de la ciudad mártir, en donde incluso recoger a los propios muertos se ha vuelto imposible. Sin embargo, en Siria, la jerarquía de la Iglesia sigue insistiendo en el riesgo que corren los cristianos, en el caso de que cayera Assad y con la consecuente posibilidad de que llegaran al poder grupos islamistas. El riesgo, indican, es que se repita lo que conocen muy bien en Siria: la situación de Irak, en donde la violencia sectaria ha provocado que las comunidades cristianas hayan debido dejar casi completamente el país, o que deban vivir en condiciones extremadamente peligrosas.

Pero, tal vez, esto no es suficiente para explicar el miedo y las dudas con respecto a los que se oponen a Assad que hace algunos días “ventiló” el Vicario Apostólico de la diócesis de rito latino de Aleppo, el franciscano Giuseppe Nazzaro: «Los temores de que la oposición esté guiada y manipulada desde su comienzo no son infundados», dijo a la agencia Fides, indicando que en un país como Siria los cambios requieren siglos. inicio, Nazzaro no está solo: posturas semejantes, que hacen eco de la defensa oficial del mismo Assad, fueron expresadas por el arzobispo caldeo de Aleppo, monseñor Antoine Audo, por el Patriarca sirio-católico Ignacio III Younan, por el mismo Gregorios y por otros que prefirieron el anonimato por motivos de seguridad, pero que han puesto en guardia ante el inminente éxodo de los católicos. 

También en el cercano Líbano, el patriarca maronita Bechara Rai advirtió sobre el peligro de una victoria islamista, que transformaría a Siria en un país en el que el islam sería la religión de Estado: «En el mundo árabe -dijo- la cosa más parecida que hay a una democracia es Siria».Y todo esto, mientras el cardenal sirio Ignace Moussa Daud, de 82 años, se encuentra hospitalizado en Roma. El Papa y Gregorios habrán tenido mucho que decirse.

Fuente
Corregido por Testigos de Cristo ayer y hoy.

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