martes, 7 de febrero de 2012

La Revolución Francesa. Historias de persecuciones cristianas I.

La Revolución Francesa (1789- 1799) es celebrada como el triunfo de la "razón", la "libertad", la "igualdad" y la "libertad" en muchos libros, y en el mundo francés, liberal, socialista, marxista ruso, y donde ellos tengan influencia; pero en Alemania y otros pensamientos es visto con ojos críticos, sobre todo porque la victoria de la revolución trajo un Régimen de Terror contra los que pensaban distinto, y porque esta revolución no es tan importante como piensan los franceses, pues no fue una victoria del pueblo sino de unos agitadores burgueses; no se alcanzó la soberanía popular, solo se destruyó la monarquía. 

Esta revolución surge en gran medida por las malas cosechas, el incremento demográfico, el déficit de Hacienda, los intereses de los burgueses, y el encierro de los nobles que rechazaron ceder sus privilegios fiscales y provocaron la renuncia de los ministros de economía del rey Luis XVI. El Régimen del Terror de Robespierre se inspira en Nicolás Maquiavelo sobre la sustitución de la monarquía, pues combate un Absolutismo y termina imponiendo otro; su “nosotros” niega a los otros y es totalitario (“nosotros somos los buenos”). De allí nace el sentimiento de que Francia es una "civilización" superior a los otros, incluso a los franceses que rechazaban la Revolución. 

La Revolución Francesa provoca la primera persecución religiosa moderna contra la religión, y en nombre de la libertad se negó la libertad religiosa; en nombre de la igualdad se negó que otros piensan y hablan distinto (se discriminaron los dialectos y otras lenguas de Francia), y la fraternidad nunca se tuvo en cuenta (pues solo quien reconoce a Dios como Padre puede reconocer a los otros como hermanos). La Iglesia Católica francesa tenía 40.000 parroquias y cientos de conventos donde se enseñaba educación primaria gratuita (el Estado no atendía la educación), donde se daba comida a los pobres, donde se atendía a los enfermos (el Estado carecía de hospitales públicos). 

El 12 de julio de 1790 se impone la Constitución Civil del Clero, que ajusta las Diócesis y parroquias a la organización política, elimina los diezmos, pone la elección episcopal en manos de los metropolitanos, la elección de párrocos en manos del pueblo y como funcionarios del Estado; sólo renegaron de la fidelidad a Roma cuatro obispos: Talleyrand, obispo de Autun; Loménie de Brieme, Cardenal arzobispo de Sens; Jarente, obispo de Orleans; y Lafont, obispo de Viviers. El 53% del clero francés rechazó el juramento y reconocimiento de la ruptura con Roma, sobre todo en Bretaña, País de Loira, Nord, Lorena, Alsacia, Franché-Comté, y Midi-Pyrénées mientras fue más aceptado en París, Centre, Ródano y la frontera con Italia; la mayoría de los fieles asistía a ceremonias clandestinas pero la mayoría de los sacerdotes rurales son trasladados a la ciudad para vigilar de cerca su labor. 

El 2 de septiembre de 1792 se iniciaron los asesinatos colectivos de sacerdotes refractarios que estaban encarcelados (“Matanzas de septiembre”); en marzo de 1793 se declara pena de muerte a los sacerdotes refractarios, unos 40.000 clérigos y religiosos abandonan Francia, 6.000 de ellos van a España. El 6 de septiembre de 1793 se prohíbe el culto y se cierran todas las iglesias; la educación primaria queda abandonada y en los barrios de todas las ciudades se crearon “sedes sociales” (2.000 en París) para que los inspectores vigilaran a los vecinos, y denunciaran sus creencias. El conflicto de la región más católica de entonces, la actual región de Loira la abordamos en la próxima publicación.

Fuentes: 
Carrére Cadirant, Gustavo. Persecución religiosa en Francia durante la Revolución Francesa (http:/Monografías.com Revolución Francesa y persecución religiosa). 
Habermas, Jürgen. La soberanía popular como procedimiento” (1989), pp. 2- 5.

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