domingo, 26 de febrero de 2012

La Iglesia salvadoreña y la memoria de sus mártires

El 16 de enero de 1992 se firmaron los Acuerdos de Paz de El Salvador, o acuerdos de Chapultepec (México), firmados entre el presidente salvadoreño Alfredo Cristiani y el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), con apoyo del arzobispo Arturo Rivera y Damas, y del Grupo Contadora (Colombia, México, Panamá y Venezuela); los Acuerdos pusieron fin a la cruenta guerra que se agudizó desde 1981 y provocó unos 75.000 muertos, 8.000 desaparecidos y más de 120.000 heridos permanentes. Durante la guerra los desplazados salvadoreños huyeron a todos los países de Centroamérica, México, Belice y Estados Unidos. 

Durante la segunda de enero de 2012 el Episcopado salvadoreño, presidido por Mons. José Luis Escobar Alas, festejó el aniversario de los Acuerdos y afirmó que fue un paso positivo que evitó más derramamiento de sangre. Escobar también pidió reflexión porque la postguerra no fue bien manejada, pues no se trabajó por la reconciliación, no se juzgaron crímenes de los militares (ley de amnistía), y muchos delitos quedaron impunes; en el país todavía falta inclusión social, advirtió Mons. Gregorio Rosa Chávez, y los jóvenes caen en la violencia de la delincuencia. 
Bajo la presidencia de Alfredo Cristiani (1989-1994), del partido ARENA, fueron asesinados Ignacio Ellacuría y cinco jesuitas más el 16 de noviembre de 1989 en la UCA (Universidad Centroamericana José Simeón Cañas); en los acuerdos de paz entre guerrilla y Estado se decidió investigar las violaciones de derechos humanos graves de ambas partes, Naciones Unidas hizo un estudio bastante serio pero antes de que saliese el informe, el presidente Cristiani concedió amnistía a los que aparecían en el Informe. 

ARENA (Alianza Republicana Nacionalista), fue el partido conservador neoliberal que gobernó de 1989 a 2009, fundado en los años 1980 por Roberto d`Aubuisson; d`Aubuisson fue Mayor del Ejército salvadoreño y ha sido acusado de ser fundador de los escuadrones de la muerte; d`Aubuisson fue apoyado por el Partido Republicano de Estados Unidos (sobre todo por el ex senador Jesse Helms), y fue señalado como autor intelectual de la muerte de Monseñor Óscar Arnulfo Romero (1980) en el Informe “De la Locura a la Esperanza”, de la Comisión de la Verdad para El Salvador. 

Óscar Romero fue arzobispo de San Salvador desde 1977, dirigía la revista Orientación y era conocido por su conservadurismo, pero la muerte del jesuita Rutilio Grande (12 de marzo de 1977) junto a un niño y un anciano, y la represión estatal, lo hicieron ponerse de parte de los campesinos y demás ciudadanos atropellados por gobiernos militaristas. Romero trabajó por la evangelización, alfabetización y concientización de sus campesinos, y en las eucaristías y por radio denunciaba las desapariciones, torturas y asesinatos. Romero fue una de las voces proféticas en la III Conferencia Episcopal en Puebla (México) y sus fuertes críticas a los abusos militares; de 1977 a 1980 los escuadrones de la muerte asesinan a seis sacerdotes salvadoreños y tres religiosas de Estados Unidos. 

El 23 de Marzo en su última homilía del Domingo Romero se dirige a los soldados: “Yo quisiera hacer un llamamiento de manera especial a los hombres del ejército y en concreto a las bases de la Guardia Nacional, de la policía, de los cuarteles: hermanos, son de nuestro mismo pueblo, matan a sus mismos hermanos campesinos” (…) Ningún soldado está obligado a obedecer una orden contra la ley de Dios. Una ley inmoral, nadie tiene que cumplirla. (…) Queremos que el gobierno tome en serio que e nada sirven las reformas si van teñidas con tanta sangre. En nombre de Dios, pues, y en nombre de este sufrido pueblo cuyos lamentos suben hasta el cielo cada día más tumultuosos, les suplico, les ruego, les ordeno en nombre de Dios; Cese la represión”. 

Fuente
La voz de los sin voz, la palabra viva de monseñor Óscar Arnulfo Romero. Editorial la UCA, San Salvador, 1980. 461 pp. 
Romo Cedaño, Pablo. “La iglesia salvadoreña propone que se “reediten” los Acuerdos de Paz” Vida Nueva 2.784, 14- 20 de enero de 2012, pp. 34- 35. 

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