viernes, 24 de febrero de 2012

Entrevista: «Dios nos pide a todos el martirio de la vida»

Monseñor Martínez Camino,
Obispo auxiliar de Madrid.
(Foto: AyO)
Por: Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo
Alfa y Omega

Miles de españoles tienen entre sus familiares algún mártir de la persecución religiosa de los años 30. Monseñor Martínez Camino, obispo auxiliar de Madrid, es uno de esos españoles. En esta entrevista rescata el testimonio de estos testigos de la fe, modelo de vida también para todos nosotros hoy: «Dios pide a algunos el martirio de sangre, pero a todos el martirio de la vida», asegura

Parece que, en los últimos años, coincidiendo con un mayor número de beatificaciones, se está prestando una mayor atención al testimonio de nuestros mártires. ¿A qué se debe este fenómeno?

La Iglesia siempre ha sido muy devota de sus mártires. Basta recordar las catacumbas de Roma o, aquí en España, el cuidado con se veneró y se sigue venerando, por ejemplo, a san Fructuoso de Tarragona y sus diáconos, o a santa Eulalia de Mérida, de aquella misma época. En los mártires se realiza de modo eminente la vocación de todos los bautizados, que es la configuración con Cristo. Como el Señor, tampoco ellos han guardado nada para sí, porque todo lo tenían para el Padre Dios: han dado la vida por el amor mayor, sin temor alguno a las amenazas del mundo y sin sucumbir a sus engaños. No es extraño que también hoy prestemos la atención debida a esos extraordinarios testigos del Evangelio.

Pocos sabrán que, entre los cerca de 10.000 mártires de la persecución religiosa de los años 30, hay doce obispos...

Catedral de Oviedo, destruída
durante la revolución de
octubre de 1934.
(Foto: AyO)
La sangrienta persecución de los años treinta del siglo pasado en nuestra nación tuvo como objetivo la aniquilación de la Iglesia, por el exterminio de sus líderes y la destrucción de sus lugares de culto y de sus símbolos. Pero ni fue la mayor persecución de la Historia, ni tampoco una peculiaridad o una rareza de nuestra historia, como a veces se afirma errónea o ideológicamente. Fue el régimen soviético el que puso en marcha y el que perpetró la mayor persecución del cristianismo. Piénsese que, si en España fueron 12 los obispos asesinados, en Rusia fueron 250 los obispos ortodoxos a los que se dio muerte. Si en España fueron unos 7.000 los sacerdotes, religiosas y religiosos asesinados, en Rusia las cifras son verdaderamente escalofriantes: 200.000 miembros del clero ortodoxo fueron condenados a muerte entre 1917 y 1980. Sólo entre 1937 y 1938, fueron asesinados 105.000 de ellos. Lo que sucedió en España en los años treinta no puede entenderse más que formando parte de la gran persecución desatada en el siglo XX contra el cristianismo por ideologías ateas de cuño marxista, y luego también nacionalsocialista.

¿Qué le debemos los católicos españoles a nuestros mártires? ¿Qué podemos aprender de ellos?

A los mártires del siglo XX les debemos el testimonio del amor más grande. Ellos son testigos de la gran causa de Dios, como decía Juan Pablo II. Ellos murieron perdonando. De ese modo, muestran la belleza de la fe católica y la falsedad de las ideologías ateas. La fe engrandece al hombre, porque lo diviniza y lo hace casi omnipotente en la misericordia, a imagen de Dios. En cambio, el ateísmo empequeñece al ser humano, porque lo encierra en su finitud y lo priva del aliento de la gracia. La luminosa historia de los mártires y del martirio del siglo XX merece ser mejor conocida.

Ellos resistieron con fortaleza y confianza en Dios una persecución creciente a lo largo de varios años. ¿Cree que se pueden reproducir de algún modo estas actitudes hostiles en la España de hoy?

La historia muestra que el martirio ha acompañado siempre el camino de la Iglesia. No parece razonable pensar que esa compañía vaya a terminar. Hoy, los cristianos son perseguidos en muchos lugares de modo violento. Hay que rezar para que la violencia no se apodere de nadie. Pero debemos estar preparados para todo: No es el siervo mayor que su Señor.

En la actualidad, están en vigor leyes que, sin duda, atentan contra las creencias de los fieles españoles y contra la misma ley natural. ¿Qué podemos hacer ante esta situación?

Hay leyes que no protegen de modo adecuado derechos fundamentales como son el derecho a la vida, los derechos del matrimonio y de la familia, o el derecho de los padres como primeros educadores de sus hijos. Los pastores tenemos la obligación de ayudar al discernimiento de las situaciones injustas por medio del magisterio. Los fieles laicos, según su capacidad y su vocación profesional concreta, han de utilizar todos los medios legítimos para que se legisle de modo justo. Hay muchos caminos para ello. Además, todos nosotros, pastores y laicos, tenemos un tarea muy hermosa y de gran influencia a medio y largo plazo: vivir nuestra fe y transmitirla en nuestro entorno de acuerdo con nuestras responsabilidades. En la parroquia, en la familia, en la escuela católica, etc., se juega el futuro de una sociedad que se dote de leyes justas. Dios concede a algunos el martirio de sangre, pero nos pide a todos el martirio de la vida. Tanto aquél como éste son expresiones de la alegría de la fe.

Fuente
Revista Alfa y Omega, n° 772, 9 de febrero de 2012.

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