martes, 21 de febrero de 2012

México: "Cuántas falsedades sobre la libertad religiosa"

Imagen: Aciprensa.
L'OR. Una mentira repetida muchas veces, al final podrá tener una fuerza persuasiva igual o superior a la verdad. Pero seguirá siendo una mentira. Es lo que afirma, en esencia, el episcopado mexicano, citando la célebre afirmación atribuida a Voltaire — «Miente, miente..., porque algo quedará»— para fotografiar, y estigmatizar, el clima mediático candente que acompaña el proceso de modificación del artículo 24 de la Constitución. Norma relativa a la libertad religiosa que los opositores parlamentarios han definido «el fin del Estado laico» y que, en cambio, la Iglesia considera un paso importante en la vida democrática de un país que durante muchos años ha sido un baluarte del anticlericalismo.

Con una nota firmada por el padre Manuel Martín Corral, secretario ejecutivo de Relaciones Públicas, el episcopado ha condenado el intento de «sembrar la mentira y la confusión entre la gente sencilla» que están realizando en estos días en el Senado algunos opositores a la reforma de la ley constitucional sobre la libertad religiosa. De hecho, los argumentos sostenidos por estos grupos «están muy lejos de reflejar la verdad de los hechos». Más aún, dan «la impresión que lo que buscan es confundir a la opinión pública».

Entre las falsedades más frecuentes la nota señala las voces que verían en la modificación del artículo 24 la posibilidad para la Iglesia de introducir la enseñanza de la religión en las escuelas e, incluso, el acceso de los ministros del culto a los cargos de elección popular. Al contrario, la Iglesia «no pretende nada de esto». En el caso de la enseñanza de la religión sobre todo por motivos de orden práctico. La Iglesia mexicana, que siempre ha sostenido la importancia de la instrucción pública, no tiene hombres ni medios suficientes para hacerse cargo de esa tarea. Por lo que atañe a la posibilidad de que exponentes del clero se presenten a cargos públicos, la nota del episcopado recuerda que esta posibilidad está prohibida expresamente por el derecho canónico. Además de estar prohibida por otro artículo, el 130, de la misma Constitución mexicana.

Es preciso, en cambio, con seriedad y rigor, volver al concepto de Estado laico: «Estado laico es aquel que no desconoce ni califica positiva o negativamente el hecho religioso», «el que no asume ninguna confesionalidad religiosa», sino que «se pone al servicio de los derechos de sus ciudadanos y entre ellos, la libertad religiosa». En cuanto a la Iglesia católica, que «ha estado impulsando esta reforma constitucional, no lo hace para sacar prerrogativas, como algunos lo quieren hacer notar, sino por coherencia a su propia misión. Misión que no es otra que defender los derechos humanos». Y uno de estos derechos fundamentales es precisamente la libertad de religión, «que todo individuo posee». En este sentido, «el Estado solo es garante de las libertades fundamentales del individuo. Ahí se fundamenta la laicidad de un Estado democrático porque no favorece ni discrimina a ninguna religión».

La reforma del artículo 24 de la Constitución mexicana reconoce el derecho a la «libertad de convicciones éticas, de conciencia y de religión», en particular, con referencia a la posibilidad de manifestar en público tales convicciones. En la práctica, con la nueva ley a todo mexicano se le reconoce el «derecho a participar individualmente o de modo colectivo, tanto en público como en privado, en las ceremonias, en los actos de devoción y en los actos de cada culto», con tal de que no constituyan un delito o estén prohibidos por el Estado.

Fuente
L'Osservatore Romano, 10 de febrero de 2012.

No hay comentarios:

Publicar un comentario