sábado, 25 de febrero de 2012

Colombia al rescate de la memoria

En agosto de 2008 el Grupo de Memoria Histórica, dirigido por el abogado y filósofo de la Universidad Nacional Gonzalo Sánchez, publicó el primer informe que pretende rescatar eventos de la historia de Colombia, para evitar que se sigan cometiendo. El esfuerzo no es solo intelectual, se trata de un llamado a la conciencia colectiva de un país que a veces prefiere olvidar, pero que no logra sanar las heridas; por eso es un esfuerzo de justicia. El informe saca a la luz la resistencia de las comunidades que padecen violencia, que desafían la muerte muchas veces desde una profunda fe cristiana hasta entregar la vida, como los casos que enumeramos a continuación.

El mártir Álvaro Ulcué
Entre 1978 y 1991 en Colombia se dieron numerosas persecuciones y asesinatos contra sacerdotes, catequistas rurales, líderes campesinos e indígenas, acusados de “comunistas” por pedir tierras, justicia, salud y educación al Estado. El 10 de noviembre de 1984 los agentes del F-2 de la Policía Nacional (hoy Dijín) Miguel Ángel Pimentel y Orlando Roa, dieron muerte al sacerdote indígena Álvaro Ulcué Chocué (1943-1984) en Santander de Quilichao (Cauca), cerca al Hogar Santa Inés de las hermanas Lauritas; los expedientes de los testimonios sobre el crimen se extraviaron. El padre Álvaro Ulcué Chocué, sirvió a las comunidades de Santander de Quilichao, Bolívar, Caldono, Toribío-Tacueyó, apoyando al CRIC (Consejo Regional Indígena del Cauca). 

El CRIC es una asociación indígena nacida en 1971, que ha resistido a la presión de las Farc (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia), terratenientes y paramilitares desde 1980; el CRIC está formado por los indígenas Nasa (Paeces), Guambiano, Coconuco, Totoró, Yanakona y Eperara (Emberas sureños); de 2002 a 2008 murieron en el departamento del Cauca unos 1.200 indígenas sobre todo a manos de paramilitares, y 52.000 desplazados indígenas desde 2002 a 2008; el Gobierno a menudo los acusa de vincularse a las FARC y ello sirve de pretexto a sus victimarios.

De 1984 a junio de 2009 en Colombia fueron asesinados dos obispos, 67 sacerdotes, ocho religiosas y religiosos y tres seminaristas, sobre todo en zonas de conflicto; de 1984 a 2001 fueron asesinados 41 eclesiásticos; de 2001 a 2011 fueron asesinados 50 miembros de la Iglesia Católica, entre obispos, sacerdotes, seminaristas y religiosas. Pero también han sido asesinados líderes de otras denominaciones cristianas por parte de las AUC (Autodefensas Unidas de Colombia o paramilitares), FARC y ELN (Ejército de Liberación Nacional): el 2 de junio de 1995 los paramilitares de Carlos Castaño Gil asesinan en Apartadó (Antioquia) al pastor cuadrangular Jesús Argelio Martínez; el 12 de junio en Chigorodó (Antioquia) los paramilitares asesinan al pastor cuadrangular Manuel Efraín Amador; el 18 de noviembre de 1996 los paramilitares asesinan al sacerdote presbiteriano Pedro Alzate Varela en Tierralta (Córdoba).

Monseñor Fidel Cadavid
En 2005 la Diócesis de Quibdó (encabezada por monseñor Fidel Cadavid) logró romper el bloqueo de víveres impuesto por paras y guerrilla sobre el río Atrato por siete años, junto con la Asociación Campesina Integral del Atrato (Acia) surtieron 50 tiendas mediante la embarcación “El Arca de Noé”. Chocó es un departamento del noroeste de Colombia, de población afrodescendiente e indígena, y de permanente pobreza por la falta de infraestructura, desempleo y la corrupción política; la Diócesis de Quibdó (Chocó) criticó la convivencia de paramilitares y Ejército, tras lo cual el padre Jorge Luis Mazo fue asesinado por paramilitares en una lancha en el río Atrato; luego asesinan a Miguel Quiroga en Miró (Chocó) y al cooperante español Iñigo Egiluz, líderes campesinos y comunitarios; las FARC mataron un hijo del líder chocoano Nevaldo Perea, de la asociación Cocomacia.

El mártir Tiberio Fernández Mafla
El Valle del Cauca es un departamento centro occidental de Colombia, que pertenece a unas pocas familias con poder político y económico, gente a la que molestó la Doctrina social practicada por el padre de Trujillo (Valle) Tiberio Fernández Mafla; el párroco propició cooperativas campesinas, rescató cadáveres de campesinos masacrados, fue tildado de subversivo por los terratenientes y narcos, asesinado atrozmente en 1990 (su cuerpo fue descuartizado, y arrojado al río Cauca), su cuerpo fue rescatado por los fieles, pero su tumba en Trujillo fue profanada en enero de 2008. En la zona se disputaban control ELN, los narcos alias “Don Diego” (Diego Montoya) y alias “El alacrán” (Henry Loaiza Ceballos); en la zona hacía presencia una Iglesia comprometida, así como la ANUC (Asociación Nacional de Usuarios Campesinos). Los militares cómplices del crimen fueron absueltos y la violencia sigue presente en la zona, cercana a zonas cocaleras.

Las palabras pronunciadas por el hermano del padre Tiberio Fernández durante el funeral del mes de abril de 1990, condensan con fuerza ilustrativa los usos sociales del cuerpo, y cómo su fragmentación es comprendida social y políticamente:

Intentaron los violentos, desaparecer un cuerpo,
hacerle correr la suerte nefasta de otros cuerpos.
Quisieron que su piel hecha para la caricia y
para ser acariciado, no volviera a sentir.
¡No pudieron! Hoy sigue acariciando a través
del viento impetuoso, y de la suave brisa, miles de metros
de piel de aquellos que amó y por quienes se entregó.
Quisieron quitar sus brazos hechos para el abrazo acogedor,
en la alegría de los logros, en la solidaridad frente al dolor;
hechos para la ofrenda eucarística. ¡Pero se equivocaron!
Hoy sigue abrazando en todos aquellos brazos que celebran un logro,
en las comunidades, en aquellos brazos que se abrazan en
la tristeza del desplazamiento, en esos brazos que se abrazan
para seguir resistiendo.
Quisieron quitar sus piernas hechas para caminar.
Qué lindos son los pies del mensajero de la paz.
¡No pudieron! Hoy sigue caminando en los miles y
miles de mensajeros que hoy recorren ciudades, pueblos
y veredas, para gritar que es posible la civilización
del amor, la solidaridad, la justicia y la paz.
Quisieron erradicar su intimidad,
el lugar de donde brota la simiente. ¡No pudieron!
Hoy sigue íntimo en quienes le amamos, y su capacidad de engendrar
Reino de Dios, Justicia, Verdad,
Organización comunitaria, no fue cercenada
Quisieron desaparecer su cabeza, con ella la creatividad,
la inteligencia, la capacidad de comunicarse, la alegría,
el ingenio, la picardía. ¡No pudieron!
Porque su proyecto no era un proyecto egoísta, era el
Proyecto de Jesús de Nazareth,
cielo y tierra pasarán,
mis palabras jamás pasarán.

Fuente:
García, Jaime. Cristianos por la liberación en Colombia, pp. 108- 121.
Gonzalo Sánchez, Gómez (Coord). Trujillo. Una tragedia que no cesa. Primer Informe de Memoria Histórica de la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación. Bogotá, Planeta, 2008. 304 pp.
Natalia Springer. “La justicia y la memoria”, en El Tiempo, 15 de septiembre de 2008.

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