domingo, 22 de enero de 2012

"Aunque sufrieran a causa de la justicia, dichosos ustedes"

Nuestra fe, fundamentada en Cristo Jesús, el Hijo de Dios, ha sido y sigue siendo la razón por la cual muchas personas no entienden nuestro estilo de vida. Somos diferentes, y eso hace que nos vean como peligrosos, especialmente cuando nuestra vida es coherente con las enseñanzas del Evangelio. 

Las estadísticas de diversas ONGs, cristianas (de diferentes denominaciones) y no cristianas, concuerdan en que los cristianos son el grupo religioso más perseguido. No es nuevo, a lo largo de dos mil años de historia se puede contar un sin número de hombres y mujeres que han dado su vida por amor a Jesús y a su Iglesia, haciendo el bien a sus hermanos sin importarles si comparten o no su fe. Han perdonado a sus perseguidores, han amado hasta el extremo como un día lo hizo su Maestro.

Si bien es cierto que hemos cometido muchos errores a lo largo de la historia, que han desmembrado el Cuerpo de Cristo, también lo es el hecho de que la persecución no pregunta si eres católico, ortodoxo o protestante, para aquellos que odian a Cristo, simplemente eres "cristiano".

En medio de la semana de oración por la unidad de los cristianos, colocamos en manos de aquél que nos une, Nuestro Señor Jesucristo, una realidad que también compartimos: aquellos hermanos nuestros que son perseguidos por causa de su fe. Sepan que estamos con ustedes, seguimos firmes, presentando ante Dios sus sufrimientos. Cristo, cabeza de la Iglesia, no los abandona, su cuerpo tampoco lo hará.

"Y ¿quién les hará mal si se afanan por el bien? Más, aunque sufrieran a causa de la justicia, dichosos ustedes. No les tengan ningún miedo ni se turben. Al contrario, den culto al Señor, Cristo en sus corazones, siempre dispuestos a dar respuestas a todo el que les pida razón de su esperanza. Pero háganlo con dulzura y respeto. Mantengan una buena conciencia, para que aquello mismo que les echen en cara, sirva de confusión a quienes critiquen su buena conducta en Cristo. Pues más vale padecer por obra del bien, si esta es la voluntad de Dios, que por obrar mal" (1 Pe. 3, 13-17)


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