viernes, 9 de diciembre de 2011

Raad Salam, un cristiano iraquí cuenta como tuvo que huir de su país

Raad Salam
En el XIII Congreso Católicos y vida pública que organizó la Fundación San Pablo-CEU ofreció su testimonio Raad Salam, un cristiano sirio-caldeo, doctor en Filología Árabe y también experto en Islam, que huyó de Iraq para no ser asesinado, y tras estar unos meses en Jordania, llegó a España donde dice vivir seguro y en paz. Su testimonio es el siguiente:

"Los problemas de la persecución que sufrí en mi país se remontan a mi niñez. Los musulmanes me reprochaban de incrédulo y me decían que el fin de los cristianos era el infierno si no nos convertíamos al Islam. Como niño, mi único refugio era mi familia; mi madre me consolaba cuando llegaba llorando a sus brazos, leyéndome salmos de la Biblia, especialmente el salmo 23, cuando dice El Señor es mi Pastor, nada me falta.

En la Universidad de Basora, donde estudié Filología Árabe y Estudios Islámicos, seguí recibiendo un trato injusto y discriminatorio por ser cristiano. Unos meses después de terminar mi carrera, en 1980, comenzó la guerra con Irán y fui llamado a filas. En 1988 terminó la guerra, pero, dos años después, fui llamado a filas de nuevo y tuve que ir a Kuwait por miedo a ser fusilado. Cuando llegué a mi casa, a mi familia le parecía imposible verme de nuevo.

A finales de julio de 1991, y gracias a la ayuda de un amigo de mi padre, conseguí salir del país y pasar clandestinamente a Jordania. Previamente, tuve que conseguir un sello en mi pasaporte que autorizaba la salida del país, pues mi nombre aparecía en una lista de personas a las que no se les permitía hacerlo. Una vez en Jordania, solicité el visado para venir a España, el cual tardó dos meses en llegar. En el año 1992 llegué a España, y en 1999 me fue concedida la nacionalidad española.

En la sociedad musulmana, un cristiano recibe todos los apoyos posibles para su conversión al Islam, tanto laborales como sociales. Por el contrario, los musulmanes que se convierten al cristianismo, deben vivir escondidos para evitar el rechazo social de sus familias, incluso la posibilidad de ser asesinados.

En Iraq, tras la caída de Sadam, el éxodo continuo de los cristianos amenaza la desaparición de la comunidad. Actualmente quedan, aproximadamente, menos de 300.000 cristianos, que viven perseguidos: queman sus negocios e, incluso, los matan. A mi primo, de 29 años, le mataron en la puerta de una farmacia, delante de su mujer y su hija de 5 años que, desde entonces, no puede hablar. Mi padre murió de angustia, con 64 años, porque quemaron todos sus negocios delante de sus ojos. Seis meses más tarde, mi tío murió, también de lo mismo.

Pero los cristianos de Iraq, con todo el sufrimiento, el miedo, la persecución y con los pocos medios que tienen, todavía mantienen la fe cristiana, gracias a los sacerdotes y los obispos que están allí a pie del cañón. En los países vecinos, como Siria y Jordania, se concentran decenas de miles de cristianos iraquíes como refugiados, intentando buscar una nueva vida en un país europeo, Canadá, Estados Unidos o Australia.

Como prueba, os traduzco un documento que circula por Bagdad, Basora y Mosul, las tres ciudades más importantes del país, en estos últimos días, en las casas de todos los cristianos, amenazándolos con matarlos si no abandonan el país inmediatamente: 
`La soberanía general de las milicias de los partidarios del Islam ha decidido apuntar la última advertencia para vosotros y todos vuestros seguidores en Bagdad y en otras provincias: tenéis la obligación de abandonar el país de los musulmanes (Iraq) inmediatamente, sin regresar nunca más, uniéndoos al Papa Benedicto XVI y sus seguidores, los agresores contra los signos más sagrados de la Humanidad y el Islam. Los cristianos incrédulos no tenéis ningún lugar entre las filas de los musulmanes devotos en Iraq desde este momento. Al contrario, nuestras espadas están afiladas y legitimadas sobre vuestros cuellos y los cuellos de vuestros súbditos y seguidores. Y Dios es testigo sobre todo lo que testificamos. No hay excusa para quien está avisado´
firmado por La soberanía general. Milicias de los partidarios del Islam.
Siempre he tenido una fe absoluta en Dios. Siempre he sentido la ayuda de Dios y su fuerza, el Espíritu Santo, en mi corazón. Sigo sufriendo cuando pienso en mi país, mi familia, mi comunidad cristiana, mis amigos y mis recuerdos, especialmente estos últimos años, que no pasa ni un día sin que haya una víctima o agresión contra los cristianos en Iraq. Es verdad que yo vivo bien, tranquilo y seguro en España, pero quizá, egoístamente, no quiero que los cristianos de Iraq salgan del país, porque no quiero perder mis raíces, mi comunidad cristiana allí, no quiero perder nuestra historia, que tiene más de 2.000 años de antigüedad.

Eso es lo que digo a mis hermanos y mis familiares; pero quienes sufren son ellos, y yo lo entiendo. En mi última visita a los cristianos en Iraq, he visto que se puede hacer mucho, pero no tengo medios para hacerlo. Se necesita, por ejemplo, una Escuela Bíblica para fortalecer la fe cristiana, visitas y reuniones con la comunidad cristiana para que no se sienten olvidados, necesitan libros para tener conocimientos y estudios, a los niños les hace falta sentir el cariño y disfrutar del amor de Dios, especialmente en Semana Santa y Navidad... Hay muchas cosas que hacer allí, pero se necesitan medios y apoyo".

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