martes, 20 de diciembre de 2011

Hay que llamar a los perseguidores por su nombre y apellido

Massimo Introvigne, sociólogo
italiano.
"Las víctimas son, por definición, simpáticas. Pero hay mucha mayor reticencia en identificar con claridad a los perseguidores, con nombre y apellidos. A menudo se trata de socios económicos o de países potentes política o militarmente, que no habría que molestar. Y se recurre a eufemismos o metáforas que, a menudo, dan la impresión de que los cristianos se persiguen solos". Así lo ha denunciado Massimo Introvigne, el representante de la OSCE (Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa) para la lucha contra la discriminación de los cristianos.

En una entrevista para Ayuda a la asociación pontificia Iglesia Necesitada sobre libertad religiosa y cristianofobia, el sociólogo señaló que "si se sigue callando la persecución de los cristianos por miedo de ofender a los perseguidores –que tal vez nos ofrecen petróleo o compran nuestros bonos del tesoro– Europa corre el riesgo, en efecto, de un naufrago moral".

Al hablar sobre la necesidad de recopilar información sobre los crímenes que provoca el odio, incluidos los crímenes contra los cristianos, Introvigne señala que la OSCE ya tiene un mecanismo propio, "que funciona bien cuando los estados que participan envían regularmente los datos. Pero no todos los hacen, desgraciadamente".

Introvigne señaló que "hay países en los que se subraya el pluralismo y la tolerancia, en los que, sin embargo, la religión sufre una mayor marginación y se considera un factor extraño en la sociedad moderna e, incluso, desestabilizador. Como sucede con las limitaciones a las objeciones de conciencia en materia de aborto, se llega a pretender que los cristianos actúen contra sus convicciones religiosas y morales.

"La ´cristianofobia´ -agregó- también se manifiesta en las amenazas a la libertad de educación y en la aversión administrativa en las escuelas cristianas. Por ejemplo, en los países europeos en los que se impone la participación en cursos de educación sexual o civil que transmiten conceptos de la persona y de la vida presuntamente neutras, pero que en realidad reflejan una antropología que va en contra de la fe y de la justa razón".

Para el sociólogo italiano, "la intolerancia es un hecho cultural y la discriminación un dato jurídico. Pero son los dos primeros estadios de un itinerario que se desliza por un plano inclinado y que, si no se frenan a tiempo, llegan fatalmente a la tercera etapa, que es la de la violencia y la persecución".

Durante la entrevista, el representante de la OSCE se refirió a la situación de los cristianos en los países del norte de África diciendo que allí los cristianos "no se contentan con la simple tolerancia" y consideró que es "urgente" proteger los lugares de culto, sobre todo los de las minorías. "Puede parecer un objetivo secundario, pero no es así" porque "los que destruyen las iglesias quieren destruir el alma de las comunidades cristianas, y los que tratan de matar el alma no respetarán tampoco ni el cuerpo ni la vida de los cristianos". 

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