jueves, 15 de diciembre de 2011

Cuando las víctimas son los acusados ¿Qué?

P. Kevin Reynolds, acusado falsamente de pederastia
por un canal de T.V. irlandés. Los culpables aún
permanecen en sus puestos de trabajos.
Sin quitar responsabilidad a los verdaderos culpables de pederastia en el seno de la Iglesia, cabe decir que muchas de las acusaciones contra sacerdotes católicos por este tema, que al parecer se ha vuelto tan común y controvertido, no siempre resultan ser ciertas. Diversas organizaciones que odian a la Iglesia han llevado a cabo una ola de propagandas anticatólicas y especialmente anticlericales, aprovechándose de una situación verdaderamente lamentable para los cristianos.

He aquí un símbolo de las falsas acusaciones de abusos sexuales -verdadera persecución en occidente contra la Iglesia-: el P. Kevin Reynolds, a quien desde un canal de televisión en Irlanda se le acusó sin ofrecer pruebas. Leamos el testimonio:

Después de algunos años de trabajo parroquial en Galway, Irlanda, el P. Reynolds fue a Kenia como misionero. En mayo de 2011 un programa «de investigación» de la principal cadena televisiva de Irlanda, la RTE, emitió un programa titulado «Mission to Prey» donde el mensaje conductor era el siguiente: los misioneros irlandeses habían ido a otros países no precisamente a misionar sino a abusar de personas.

De los siete casos presentados en el programa, seis de los implicados ya estaban muertos (y por tanto sin posibilidad de defenderse) así que el programa se centró en el vivo, en el P. Reynolds. En «Mission to Prey» la periodista Aoife Kavanagh entrevista a una mujer keniata que afirma que el P. Reynolds la violó y embarazó en 1982, cuando ella tenía 14 años. A raíz de esa supuesta violación daría a luz posteriormente a Sheila, a quien el programa afirma que Reynolds proporcionó dinero en secreto.

Para completar el montaje del programa, Kavanagh va a la parroquia del P. Reynolds al que aborda al final de la misa pidiéndole declaraciones ante las acusaciones de pederasta y violador en su contra. Conociendo que el programa estaría pronto al aire, el P. Reynolds remite a la cadena RTE una carta del obispo de Kakamega, Kenia, donde el prelado da constancia de la buena reputación del sacerdote irlandés. Pero el P. Reynolds dio un paso más: se ofreció a que se hiciera una prueba de paternidad para que constase que él no había abusado ni tenido una hija con nadie.

Sin esperar los resultados el programa fue emitido, Reynolds retirado de su parroquia (de acuerdo a los protocolos actuales de la Iglesia en Irlanda). Según las referencias de Allen, medio millón de irlandeses vieron el programa transmitido en horario estelar y 338.000 lo escucharon por radio al día siguiente.

Pocas semanas después se conocieron los resultados de la prueba de ADN: Reynolds no era de padre de la niña. La disculpa de la cadena RTE llegó, hablaron de la «imagen impecable que durante 40 años» había tenido el P. Reynolds y el director general de la cadena de televisión, Noel Curran, llamó al programa «uno de los más graves errores de redacción que jamás se han hecho». No obstante, el daño moral ya estaba hecho.

El punto aquí, periodísticamente hablando, es por qué proyectaron la emisión sin la prueba de paternidad confirmada. Según el artículo de la web del National Catholic Reporter (publicación de católicos «progresistas» en Estados Unidos) «la mayoría de los observadores creen que el programa refleja un clima general de Irlanda en la que los sacerdotes son visto a priori como culpables».

«Según un sondeo realizado por The Iona Institute, ahora muchos irlandeses creen que el número de sacerdotes implicados en el escándalo de los abusos a menores es muy superior al que en realidad es. Hoy por hoy, los informes más autorizados sobre lo sucedido en Irlanda sitúa en un 4% el porcentaje de sacerdotes acusados de haber cometido abusos sexuales contra menores. Sin embargo, el 70% de los irlandeses encuestados cree que esa cifra es superior. En concreto, el 42% piensa que más de 1 de cada 5 sacerdotes irlandeses son culpables de haber cometido abusos. De ese 42%, el 27% cree que el número de sacerdotes abusadores supera el 40%, y el 18% sostiene que más de la mitad del clero habría cometido abusos.

Los resultados del sondeo realizado por The Iona Institute muestran que la confusión de la opinión pública irlandesa va a más. En efecto, una encuesta realizada en 2002 por The Royal College of Surgeons situaba en un 11% el porcentaje de ciudadanos que pensaban erróneamente que el número de sacerdotes culpables de abusos eran más de la mitad del clero de Irlanda. Casi una década después, el porcentaje de los que piensan eso ha subido siete puntos.

Aunque los investigadores del sondeo de The Iona Institute no se detienen en averiguar los motivos que han provocado este notable aumento de personas que culpan a demasiados clérigos, no es aventurado atribuirlo a un clima en el que ha habido mucho revuelo mediático y poco empeño por estudiar a fondo los informes que se han ido publicando en los últimos años sobre este escándalo.

Tampoco el gobierno irlandés se ha mostrado demasiado propicio a serenar las cosas. Más bien, se podría decir que a veces ha echado leña al fuego con acusaciones imprecisas. Su reciente decisión de cerrar Embajada en el Vaticano “por motivos económicos” hace patente las tensiones diplomáticas».

Las acusaciones deben tomarse siempre en serio también debe primar una dosis de cautela que indica que la acusación no equivale a culpabilidad.

Por último, se menciona que ninguno de los involucrados en el programa «Mission to Prey», empezando por Aoife Kavanagh, han sido despedidos. No pocos periodistas irlandeses aducen que los juicios deben basarse en la totalidad de una carrera y no en un error puntual. Paradójicamente, cuando son los obispos los del error puntual en el manejo de algún caso, tanto de abuso como de otro tipo, la lógica se aplica de modo diferente.

El caso Reynolds es un ejemplo ilustrativo que, «sirve como recordatorio de los peligros de juicios apresurados que no hacen ningún bien a las verdaderas víctimas de abuso sexual».

Fuentes

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