sábado, 17 de diciembre de 2011

Cristiano somalí huye con su familia a Kenya a causa de la persecución islámica

A ejemplo de la Sagrada Familia, cuando por causa de la persecución de Herodes, tuvieron que huir a Egipto, un cristiano dejó su país natal, Somalia con todos los miembros de su familia. Ahora vive en Kenia, sin embargo aún  allí le llegan las amenazas de muerte por parte de extremistas musulmanes.

En febrero de este año, los extremistas islámicos de la milicia Al Shabaab que luchan por el control de Somalia redujeron a cenizas la casa de Mohammed Abdi Mose -de 54 años- padre de siete hijos, en Mogadiscio y evacuaron a su familia. Su cabeza tiene una cicatriz causada por un golpe de metralleta y a partir de entonces requiere de medicamentos para limitar el daño de la lesión a su memoria.

"Era más de medianoche, y estaba lloviendo", dijo. "No había luz de la luna, ni ninguna luz, y nos estamos moviendo en medio de las balas y proyectiles de mortero, yo tenía cuatro hijos conmigo, y mi esposa los otros tres, el niño y la niña mayor caminaban por si solos, los más pequeños los teníamos nosotros".

Unas 150 personas murieron esa noche en la lucha militar, pero Mose dijo que no era casualidad que su casa fuese atacada. A principios de mes, los extremistas musulmanes, que habían sospechado que era un converso al cristianismo - puesto que había trabajado para Organizaciones Cristianas No Gubernamentales (ONGs)- le dijeron que era un apostata y por lo tanto era digno de muerte. Le ataron las manos por detrás y comenzaron a golpearlo con palos y objetos metálicos.

Sufrió un profundo corte en el talón. Le pisotearon el estómago, dañando su sistema urinario. Los vecinos que oyeron sus gritos llegaron en gran número, lo que obligó a los atacantes a huir. Mose se dio cuenta entonces que era la hora de trasladarse.

Después de pasar un mes con los vecinos mientras se recuperaba de sus lesiones, él y su familia huyeron a Bajo Juba, en marzo, luego a Kismayo. Kismayo es vital en términos económicos para Al Shabaab, donde los extremistas reciben mercancías por vía marítima, así como el dinero del rescate de la piratería. El ejército de Kenia ha sitiado la ciudad portuaria, en un esfuerzo para eliminar a los militantes después de haber sido culpados por una serie de secuestros de extranjeros dentro del territorio de Kenia.

Vigilados de cerca por Al Shabaab en Kismayo, la familia se dirigió a Kenya en abril, al alquilar un burro para llevar su equipaje y al hijo menor, de 4 años (la hija mayor tiene 19 años). Mose dijo que les tomó 18 días para recorrer los 370 kilómetros (230 millas) a Liboi, la ciudad fronteriza en el lado de Kenia, donde el burro murió de agotamiento. Todavía tenían 100 kilómetros (62 millas) a recorrer para llegar a los campamentos de refugiados en Dadaab.

Los próximos seis meses, la familia vivió en el campamento de refugiados de Ifo, en Dadaab, donde la gente circula libremente dentro y fuera del campo, incluyendo miembros de Al Shabaab en traje civil. En septiembre, Mose, dijo que algunos miembros de Al Shabaab en el campo, lo amenazaron de muerte. Los contactos de somalíes cristianos en Kenia ayudaron a Mose a llevar a su familia lejos de la frontera, el mes pasado.

Después de haber trabajado para las ONG, mientras estaba en Somalia, Mose se convirtió en blanco para al Shabaab, que ve a las ONG, ya sea como cristianas o espías de Occidente. Esta reputación le ha seguido, sometiendo a su familia a la discriminación no sólo de los militantes, sino también de otros musulmanes de Somalia. La amenaza lo sigue en su lugar no revelado en Kenia, que cuenta con más del 82 por ciento (%) de cristianos con una población musulmana de 8,32 por ciento (%), según Operación Mundo.

La esposa de Mose cuece y vende pan para tratar de alimentar a la familia. Ella dará a luz en enero - a gemelos - y la familia teme que no pueda continuar con su micro-empresa. Mose, por su parte, dijo que todavía siente dolor.

"En este momento, no puedo hacer el trabajo pesado", dijo. "Tengo mucho dolor en el abdomen inferior, que necesita atención médica. Mi espalda tampoco está bien. En realidad nuestra situación no es prometedora, sobre todo teniendo cuidado de una familia de nueve personas en calidad de refugiado. Si conseguimos asilo, entonces podré salvar a mi familia".

Fuente
Cf. Gospel; Fragmento, 29 de Noviembre de 2011.

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