domingo, 6 de noviembre de 2011

San Severo, obispo y mártir

San Severo
6 de Noviembre

Nació en Barcelona de familia distinguida y recibió una esmerada educación de acuerdo a su rango. La tradición no nos comunica datos especiales sobre su vida anterior a su episcopado. En cambio, claramente consigna la noticia de que fue elevado al obispado de Barcelona en torno al año 300, donde se distinguió por su celo por las almas, que Dios le había confiado.

Aunque desde hacía largo tiempo disfrutaban los cristianos de relativa paz, que tanto les había servido para su reorganización y crecimiento, y el mismo Diocieciano (284-305) durante los doce primeros años de su gobierno usó con ellos una amplia tolerancia, ya a fines del siglo III, hacia el año 297, el césar Galerio había inducido al emperador a realizar una "purificación" del Imperio. Así, pues, ante el peligro que se cernía sobre los cristianos y que bien pronto estallaría en la más sangrienta de las persecuciones, el obispo Severo desarrollaría una intensa actividad apostólica, preparando a los fieles para los más difíciles combates por la fe e incluso para derramar la sangre por Cristo, si era necesario.

El gobernador Daciano en España, para agradar al emperador, asumió la labor de eliminar cuanto antes a los dirigentes cristianos, ordenó prender al obispo Severo, de cuya rectitud y ardiente celo estaba bien informado. Pues, si conseguía, a fuerza de tormentos, obligarlo a renegar públicamente de su fe, esto sería sumamente eficaz para obtener la apostasía de gran parte de las masas cristianas.

Al tener, pues, noticias el santo obispo Severo sobre las intenciones y órdenes del presidente, según refieren las actas, juzgó que era conveniente ocultarse, pues de este modo podía continuar alentando y sosteniendo a los fieles. Así, pues, retiróse al otro lado de la montaña. 

Entretanto, sabiendo Daciano que el obispo Severo se había escapado y trataba de esconderse, envió un pelotón de soldados en su busca, con la orden expresa y terminante de terminar con él o traérselo preso ante su tribunal.

Sabiendo Severo que habían llegado los emisarios del presidente, cansado de huir, se presentó espontáneamente ante ellos, e inmediatamente fue apresado juntamente con otros cuatro sacerdotes de Barcelona que con él se hallaban.

Los cuatro sacerdotes compañeros del obispo Severo fueron azotados bárbaramente, según la costumbre romana, y finalmente pasados por la espada. Lo mismo hicieron a continuación con un hortelano llamado Emeterio, que se mantenía firme en su profesión de cristiano. Con todo esto pensaron que el obispo se atemorizaría y al fin ofrecería sacrificio a los dioses; pero, lejos de eso, persistía con más entusiasmo que nunca en su confesión. lo azotaron entonces con cuerdas armadas de pedazos de plomo. Como vieron que todo era inútil, tomó uno de ellos un clavo de hierro y se lo fijó sobre la cabeza, mientras otro le daba con una maza hasta clavárselo por completo.

En esta forma, el santo obispo Severo cayó al suelo y los soldados lo dejaron abandonado en el lugar, creyéndolo muerto. Los cristianos viendo que su amado obispo estaba todavía vivo, intentaron socorrerlo; pero, murió poco después en sus brazos mientras les daba su paternal bendición.

San Severo se convierte en un gran signo de resistencia. Algunos obispos de nuestros tiempos, son ejemplos de  ese entrañable amor hacia sus ovejas, sin importar los desvelos que les puedan causar, sobrellevan toda clase de sacrificios, tormentos y aun la misma muerte en defensa de su fe, pues teniendo oportunidad de huir prefieren quedarse y luchar con su rebaño, animándolos en el amor y en la esperanza.

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