domingo, 27 de noviembre de 2011

San Jacobo (Santiago) Interciso


27 de Noviembre

Nació en Bêth-Lâpat (Antigua Persia), la actual Khorramabad, en Irak, en el seno de una familia de cristianos pudientes y honorables. Se le conoce también como San Jacobo de Persia o Santiago el Amputado.

Jacobo se casó con una joven cristiana, y procrearon amorosamente una familia a la que también educaron en la fe de Jesús. Como era funcionario en la corte del emperador persa Izdegerd; estuvo a su lado cuando eventualmente se desató una guerra, e incluso lo acompañó a rendir culto a los dioses paganos. En la soledad de las noches se lamentaba de lo que había hecho, y su familia, que desde la distancia lo apoyaba, lo instó a través de cartas a que se arrepintiera. Su esposa también le reclamaba el hecho de que se hubiera atrevido a negar su fe cristiana.

Cuando leía las cartas de su familia, San Jacobo se ponía a llorar y a rezar. Una vez fue espiado por soldados del nuevo emperador, quienes lo delataron y lo llevaron ante su presencia. Ahí, armado de valor, confesó públicamente su religión. Esto despertó la tremenda ira del monarca, que lo condenó al terrible tormento de la amputación de todos sus miembros.

Así, los verdugos comenzaron cortándole uno por uno los dedos de las manos y de los pies, hasta llegar a las piernas y los brazos, mientras San Jacobo rezaba y daba gracias a Dios por la oportunidad de redimirse. Finalmente falleció decapitado, era el año 421. 

A pesar de que el emperador ordenó que los trozos del cuerpo del mártir fueran esparcidos por el desierto, los cristianos consiguieron reunirlos y transportarlos a Jerusalén. Actualmente se veneran en el monasterio de Mar Iaqub, en Dedeh, en las cercanías de Trípoli, en Líbano.

Una de las cosas más importantes de la vida de este santo, es que como un hombre cualquiera por miedo a perder la vida, es capaz de negar su fe en Cristo, lo cual no deja más que el sentimiento de culpa y ante este la mejor medicina es el sincero arrepentimiento y abandonarse nuevamente en las manos de Aquél se abandonó en la Cruz por amor a nosotros.

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