lunes, 7 de noviembre de 2011

San Engelberto

Martirio de san Engelberto
7 de Noviembre

Nació en Berg aproximadamente en 1185. Era hijo de una noble familia. Como esas cosas incomprensibles a nuestros ojos pero costumbre en la época, desde niño ostentaba títulos eclesiásticos.

Fue nombrado rector de la catedral de Colonia en el año 1199. Enérgico y ambicioso, durante las luchas entre el papado y el imperio, se pone de parte del emperador Otón IV, por lo cual fue excomulgado por el papa Inocencio III. 

Tiempo después se arrepintió de los que había hecho, pidió perdón a la Iglesia y fue repuesto en su sede en 1208. Para expiar sus pecados y en signo de su arrepentimiento se unió a la cruzada contra los albigenses en 1212. 

Engelberto desempeñó su labor con vigor y energía, y supo ganarse el respeto de todos; pero al mismo tiempo, la mano firme y justa con que gobernó le creó muchos enemigos. La devoción del santo a su deber, y su obediencia al Papa y al emperador fueron eventualmente la causa de su ruina. 

Muchos nobles le temían y no le amaban, y él se vio obligado a rodearse de guardaespaldas, pero el mayor peligro provenía de sus parientes. Su primo, el conde Federico de Isenberg, el administrador secular de las monjas de Essen, había oprimido terriblemente a la abadía. Honorio III y el emperador instaron a Engelberto a proteger los derechos de las monjas. Por esta razón ganó la fama de ser un gran sostenedor de los derechos de la Iglesia.

Federico quería acabar con el Arzobispo, y su esposa lo motivaba para asesinarlo. El obispo recibió la advertencia, se encomendó a la Divina Providencia y, entre lágrimas, confesó toda su vida al Obispo de Minden.

El 7 de noviembre de 1225, el santo partió de Soest a Schwelm para consagrar una iglesia. Como acompañante llevaba una escolta insuficiente, teniendo en cuenta la gran cantidad y el talante de sus enemigos, y Federico y otros nobles cayeron sobre él con con un grupo de sicarios y lo asesinaron.

Asesinado por defender los derechos de la Iglesia, en una época donde todos a su alrededor eran cristianos, pero las ansias de poder y de riquezas de gobernantes y nobles, entre los que incluso caen obispos y cardenales, no soportaban que se entrometiera en sus asuntos. 

Curiosamente hoy se quiere arrinconar a la Iglesia con la pretensión de limitarla solo a los ámbitos de la sacristía, se quiere negar todo lo que ella ha hecho por la construcción de la civilización occidental y se quieren inmiscuir incluso en los asuntos litúrgicos y/o celebrativos. No, los mártires no solo se dan en aquellos lugares donde se odia a los cristianos por el simple hecho de serlos, sino también por estos lares donde se les niega el derecho a vivir coherentemente con el mensaje del Evangelio.

FUENTES
TARZIA, A. I santi nella storia. San Paolo, 2006.
MEIER, G. Enciclopedia Católica. 6 noviembre 2011.

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