viernes, 25 de noviembre de 2011

La Sharia y Europa

La Sirenita, símbolo de Copenaghe
-Dinamarca
El imparcial. El fundamentalismo islámico está alcanzado en Europa una fuerza que, aun cuando todavía minoritaria, no deja de ser preocupante. Precisamente fue en Dinamarca donde el diario Jyllands-Posten sufrió una campaña de ataques por publicar varios dibujos de Mahoma y en otros países, entre ellos España, parece que no hay suficiente control sobre la enseñanza que recibe la comunidad musulmana. Así están surgiendo espacios de oración y adoctrinamiento en lugares no convencionales donde no se sabe si la enseñanza mantiene cuando menos el respeto a las costumbres y leyes del país de acogida o incita a considerar la Sharía como la única ley y norma de conducta.

Algunos de los miembros de grupos como “Los seguidores del Profeta” no se recatan en proclamar que su fin es sustituir la democracia occidental por la Sharía, pues, aunque ésta admite márgenes de interpretación, las que discurren por una lectura integrista, y que parecen mayoritarias, la convierten en una ley islámica teocéntrica -incompatible con la democracia-, donde se reconocen las ofensas hadd, castigadas con azotes públicos, lapidaciones o amputaciones de manos para los ladrones, así como el sometimiento estricto de la mujer y el poder omnímodo de padres y esposos.

La misma imagen, víctima de la
provocación fundamentalista islámica.
Con la burka de las mujeres musulmanas.
La Sharía así interpretada ciertamente no tiene cabida en el mundo occidental, basado en la tradición judeo-cristiana, greco-latina e ilustrada y sus preceptos chocan de manera radical con la las Constituciones occidentales. Nuestro mundo se basa en la noción de derechos fundamentales de la persona que pertenecen al individuo, están por encima de cualquier ordenamiento jurídico y son irrevocables. Es preciso que cualquier comunidad foránea comprenda que debe acatar los principios fundamentales y las leyes del país de acogida. Parece, sin embargo, que el islamismo radical no solo no está dispuesto a ello, sino que pretende imponer las suyas. Es preciso, pues, estar alerta, por muy imposible que nos parezca este deseo de introducir la Sharía en Europa o, cuando menos, de crear dentro de los Estados europeos de Derecho casi un Estado paralelo dominado por la ley islámica, emanada del Corán.

La permisividad frente a los fundamentalistas e intolerantes no es buena política ni tampoco las Alianzas de Civilizaciones, denunciadas por intelectuales como Pascal Bruckner como mera palabrería. Lo que debemos defender y propagar es más bien la alianza con “los civilizados” -cualesquiera que sea su etnia o religión- dispuestos a respetar nuestros principios fundamentales.

Fuente: 
Editorial de la revista "El Imparcial" de España, del 7 de Noviembre de 2011.

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