martes, 1 de noviembre de 2011

La fiesta de todos los Santos tuvo su origen en las persecuciones

1 de Noviembre

"Bienaventurados los perseguidos por mi causa porque de ellos es el Reino de los cielos", seguramente hemos escuchado millares de veces estas palabras, de hecho es lectura obligada para el dia de todos los santos, sin embargo, puede que no le encontremos sentido porque seguramente no hemos vivido la experiencia de ser perseguidos por causa de Jesús, por lo menos no como lo han sido otros que han padecido en carne propia el flagelo de las persecuciones.

Ciertamente que ser seguidor de Jesús implica mucho sacrificio, hemos de ir en contra corriente, cada segundo se convierte en una opción por Él frente a otras ofertas que resultan tentadoras. Pero aún no ha llegado el momento de ser atormentados, encarcelados y masacrados físicamente por nuestra fe. Digo esto teniendo en cuenta que aquellos que han accedido al blog viven en occidente y en su mayor parte en Europa, donde nuestras "democraticas naciones" al menos no nos matan por creer en Jesús.

Celebrar la fiesta de todos los Santos, es celebrar precisamente el paso de la tristeza a la alegría, de la aflicción al gozo, de la desilusión a la esperanza, de la persecución y la violencia a la paz eterna que nos ofrece el Amor de Jesús. Si en la Pascua los cristianos rememoramos el paso de la muerte a la vida de Nuestro Señor Jesucristo, con la fiesta de los Santos celebramos nuestra propia muerte y resurrección, en aquellos que vivieron una vida ejemplar de como actúa la gracia de Dios, cuando se está abierto a entregarse incluso a la muerte.

Precisamente el origen de esta fiesta está ligado a la persecución de los cristianos por parte del emperador Diocleciano (284-305), que incrementó tanto el número de mártires que no se podían venerar por separado, por lo que surgió la necesidad de rememorar en común su ejemplar conducta en una fiesta. Aquellos que fueron tenidos como nada por parte de las leyes del imperio, se convertirían en pilares de una fe que cada día cobraba más seguidores y renacía con mayor fuerza.

Cuando acabaron las persecuciones y el imperio se volcó hacia el cristianismo, los papas fueron reemplazando las prácticas y fiestas paganas. En el 610, el Papa Bonifacio IV consagró el Panteón Romano (donde antes se honraba a dioses paganos) para ser templo de la Santísima Virgen y de todos los Mártires, dando inicio a la fiesta de todos los santos que ha llegado hasta nosotros, especialmente bajo el signo de la comunión con aquellos que nos precedieron en la fe y que interceden por nosotros los que aún estamos haciendo camino.

Mientras nos encargamos de destruir la comunión, de fragmentar a la Iglesia de Cristo, creyéndonos más santos que otros, hay una realidad de la Iglesia que necesita de nuestras manos. Aquella realidad que dio origen a esta fiesta: los perseguidos. Desgraciadamente en estos tiempos que se hace un marcado énfasis en esta comunión, son pocas las voces que se levantan. El silencio es tormentoso pero sigue habiendo quien reclama. 

La comunión de los santos, no se limita simplemente a la intercesión de los que ya están en la gloria, nos toca a nosotros "los santos" que luchamos por construir ese "reino de justicia" en nuestro mundo. Así que hermanos, en esta fiesta recordemos que aún hay muchos hombres y mujeres que viven su fe en la clandestinidad, que la viven en los calabosos, cárceles y campos de concentración, que están a la espera de su ejecución, por una sola y simple razón: son cristianos; e intercedamos por ellos para que el Señor siga derramando su gracia, alimentando con la esperanza y manifestando en hechos concretos de amor y paz que alivien sus penas y animen en la fe.

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