domingo, 6 de noviembre de 2011

Beatos mártires trinitarios españoles del siglo XX

6 de noviembre

Autor: Fr. Sergio Pereira O.SS.T.

La Iglesia celebra en el día de hoy la memoria de los 498 beatos mártires españoles del siglo XX, muertos en la peor persecución ejecutada contra los fieles de Cristo desde las vividas en los primeros siglos del cristianismo, más terrible que las operadas por la revolución francesa, por la cantidad de muertos y las crueldades con las que se llevaron a cabo ciertas ejecuciones. Se podría considerar un verdadero holocausto.

El martirio es uno de los signos de autenticidad de la Iglesia de Cristo, pues no se trata de personas que han  buscado la muerte o se han suicidado por alcanzar el paraíso, sino de hombres y mujeres, que desde lo que son y desde lo que han vivido se entregan en cuerpo y en alma al servicio del Reinado de Dios y de su justicia. No le hacían daño nadie, simplemente es que sus creencias eran diferentes y no calaban con aquellas que se consideraban era la moda y por tanto verdaderas.

En este sentido los mártires de España, caídos durante la guerra civil de los años 1931 a 1936, eran sencillos trabajadores del reino de Dios, hombres y mujeres, jóvenes y adultos, religiosos y religiosas, laicos y clérigos, de todas las clases sociales e incluso partidos políticos, que fueron asesinados por una simple y llana razón: eran Cristianos.

Los recelos de los milicianos revolucionarios se ensañaban principalmente contra los clérigos y los religiosos, a quienes acusaban falsamente de guardar armas del bando contrario. 

La situación de España era decadente, el analfabetismo, la explotación infantil, el desempleo, la pobreza en general, echaban raíces en todos los rincones del territorio, divido en dos bandos y en medio de ellos, como siempre, los más débiles e inocentes.

La familia trinitaria se une a esta gran celebración, pues once de sus miembros hacían parte de este grupo que gozosos llevaban sus palmas porque sabían que era el momento del encuentro con el Cordero. Se trataba de tres religiosos del Santuario  de la Virgen de la Cabeza, dos del convento de Villanueva del Arzobispo, cuatro de la casa de la Trinidad de Belmonte, una monja contemplativa del monasterio de Martos y un laico bienhechor de la Orden y padre de dos monjas trinitarias.

Todo un ramillete de la familia ofrecido como ofrenda agradable a Dios Trinidad, quienes sabían de los peligros que se avecinaban, pero no dudaron de permanecer firmes en su fe y acompañando a las gentes de sus respectivos pueblos. Fueron apresados, obligados a salir de sus conventos, maltratados, vituperados incluso por el populacho que tanto se había servido de ellos, cruelmente atormentados y finalmente fusilados. Todas estas vejaciones, no los detuvieron, oraban, cantaban, se animaban mutuamente e incluso se atrevían a hablar y ofrecerle cigarrillos a los milicianos.

¿Tienen nombres? pues si, se llaman Mariano, José, Prudencio, Segundo, Juan, Luis, Melchor, Santiago, otro Juan, Francisca y Álvaro. Nombres propios como los nuestros, con las mismas virtudes y defectos que nosotros, pero que se atrevieron a decir si, acepto, "soy cristiano y si he de morir por ello que se haga su voluntad".

Oh Dios,
que nos has hecho partícipes de la comunión de Amor
entre el Padre, El Hijo y el Espíritu Santo 
y que has aceptado la vida de los trinitarios P. Mariano
y compañeros mártires,
entregada generosamente
para ser testigos de tu Amor inmenso hacia el hombre,
haz que este espíritu de Comunión en el Amor
inunde el mundo, haciendo fl orecer una nueva humanidad:
la gran Familia de los Hijos de Dios,
bajo la tierna mirada de María nuestra Madre
y Reina de los mártires.
Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

1 comentario:

  1. Me gustaría que siguieran nombrando más mártires, como mi tío abuelo Pablo Sáenz de Barés, martirizado en una checa de Barcelona en 1936

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