miércoles, 19 de octubre de 2011

¿Existe acaso permiso para matar cuando se trata de los fieles del Papa alemán?


Bernard-Henri Lévy es un pensador ateo considerado como una referencia intelectual de la llamada nueva izquierda. En un artículo publicado en el diario italiano Corriere della Sera en noviembre del año pasado afirmaba que es necesario defender a los cristianos perseguidos en todo el mundo.

En el artículo, titulado "Defender a todos los perseguidos comenzando por los cristianos de Oriente", señala: "hoy los cristianos constituyen, en escala planetaria, la comunidad más constante, violenta e impunemente perseguida".

Esta frase, escribe, "ha sorprendido, y ha provocado cierta agitación aquí y allá", pues parece ser que aún no se lo creian. Para probar su afirmación enumera diversos casos como la masacre contra los siro-católicos en Irak donde murieron 58 personas, la prohibición del culto cristiano en Irán, la persecución anti-cristiana en la Franja de Gaza, en Sudán (entonces una sola nación), contra los evangélicos en el país africano de Eritrea, el asesinato de un sacerdote en El Congo y la persecución violenta contra los cristianos en la India.

Lévy menciona además el incremento de la persecución contra los cristianos en Egipto, donde las fuerzas militares arrasaron a un grupo de manifestantes coptos  y en Argelia, donde la policía refuerza la vigilancia en las iglesias para cerciorarse de la no existencia de conversos.

El filósofo frances declara lo inaudito de la existencia de regímenes comunistas en el mundo que no permiten la plena libertad de culto como Cuba, Corea del Norte y China. Sin apuntar el peligro de que Venezuela siga por la misma linea.

Además, este pensador recuerda que los judíos también fueron perseguidos, pero que esto sí se condena, mientras que solo el Papa Benedicto XVI ha alzado la voz para defender a los cristianos de Oriente que tanto han hecho por la riqueza espiritual de la humanidad.

Policia religiosa saudí castigando a un joven por ser cristiano
Ante los cristianos perseguidos, explica Lévy, se puede escoge  una de estas dos actitudes: "o se adhiere uno a la doctrina criminal y loca que hace competir a las víctimas (a cada uno los propios muertos, a cada uno la propia memoria y, entre unos y otros, la guerra de muertos y memorias) y si nos preocupa sólo las ‘propias’ víctimas. O se rechaza (sabemos que en todo corazón hay suficiente espacio para compasión, luto y solidaridad no menos fraternos)".

Y con esa misma energía con que se rechaza esta doctrina criminal, continúa el intelectual ateo, "(casi digo con la misma fe), se denuncia el odio planetario, la ola homicida de la que son víctimas los cristianos, cuya vieja condición de representantes de la religión dominante, o en todo caso, más poderosa, impide tomar verdadera conciencia".

Finalmente Lévy se cuestiona: "¿existe acaso permiso para matar cuando se trata de los fieles del ‘Papa alemán’? ¿Un permiso para oprimir, humillar, martirizar, en nombre de otra guerra de las civilizaciones no menos odiosa que la primera? ¡Pues no! Hoy es necesario defender a los cristianos".

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