viernes, 28 de octubre de 2011

El terrorismo religioso y la negación de Dios llevan a la perdida de la humanidad

Momento de la intervención del Papa
Con un discurso verdaderamente hermoso, lejos de sincretismos religiosos pero a la vez lleno de mucho respeto y admiración hacia las otras religiones, el papa Benedicto XVI se dirige a los participantes del encuentro de oración, llevado a cabo por líderes representantes de diversas confesiones cristianas y religiones del mundo el dia de ayer en Asís (Italia).

En su intervención, Su Santidad ha expresado su temor frente a dos corrientes que desencadenan violencia en el mundo actual, a saber: el terrorismo y "la ausencia de Dios" que lleva a la perdida de la humanidad.

Por una parte, refiriéndose al terrorismo, el Papa ha dicho que éste "es a menudo motivado religiosamente y (...) sirve como justificación para una crueldad despidiada, que cree poder relegar las normas del derecho en razón del bien pretendido". En este caso, "la religión no está al servicio de la paz sino al de la justificación de la violencia".

Aludiendo a las veces en que el cristianismo no se ha mostrado coherente con sus enseñanzas, resaltó que "también en nombre de la fe cristiana se ha recurrido a la violencia  en la historia, lo reconocemos llenos de verguenza (...) es absolutamente claro que este ha sido un abuso de la fe cristiana, en claro contraste con su verdadera naturaleza".

Por otra parte, Benedicto XVI señaló que "el no a Dios ha producido una crueldad y una violencia sin medida, que ha sido posible solo porque el hombre ya no reconocía norma alguna ni juez alguno por encima de si, si no que tomaba como norma solamente a sí mismo. Los horrores de los campos de concetración muestran con toda claridad las consecuencias de la ausencia de Dios". Claramente alejarse de Dios lleva a la deshumanización del hombre.

Su Santidad, señaló además que en nuestros días "se revela una anti-religión, en la cual ya no cuenta el hombre sino unicamente el beneficio personal". Esta revelación se ve precisamente en el hecho de que muchos hombres y mujeres del mundo, viven tranquilos e indiferentes ante la situación de millones de personas que no pueden expresarse libremente. El dolor más grande que sufren los perseguidos es la indiferencia de aquellos que no dicen nada. Pero "la Iglesia católica [por lo menos algunas de sus instituciones] no cesará en la lucha contra la violencia, en su compromiso por la paz en el mundo".

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