martes, 18 de octubre de 2011

Cristianos que aman su patria, pero ésta no los acepta

EL lamento de los israelitas en tierra extrangera lo encontramos constantemente en las Sagradas Escrituras, donde adorar al verdadero Dios, se les transformaba en un conflicto. Pero el dolor de vivir en su propia tierra como si fueran extrangeros, era lo que más carcomía el alma.

De la mima manera miles de cristianos, de distintas denominaciones, han abandonado en los últimos años sus países de origen, donde la radicalización del islam ha consolidado una persecución religiosa. Otros muchos se quedan por falta de recursos económicos para emigrar, por convicción religiosa o porque, en definitiva, se trata de su patria. Lo que algunos consideran la "primavera árabe" se ha convertido en un verdadero verano infernal para los cristianos.


Iglesia atacada recientemente en Egipto por extremistas islámicos

La poca democracia, las deficientes estadísticas y la opacidad informativa de los países en cuestión, hace que sea dificil calcular cuan grave es la situación.  Sin embargo, según el Informe 2010 de libertad religiosa en el mundo –que elabora cada año Ayuda a la Iglesia Necesitada (AIN), (VER ARCHIVO) asociación internacional dependiente de la Santa Sede–, unos 350 millones de cristianos sufren persecución o discriminación en el mundo, de los cuales 200 millones afrontan peligro de muerte. Un tercio de la población del planeta es cristiana: 2.100 millones de fieles, de los que 1.180 millones son católicos.

"Allí donde no hay libertad religiosa, no hay tampoco libertad democrática", alerta Javier Menéndez Ros, director de AIN-España, que en la reciente Jornada Mundial de la Juventud de Madrid con el Papa organizó en la capital una exposición fotográfica sobre cristianos perseguidos. Fueron a verla 8.000 personas en una semana.

"Durante la dictadura de Sadam Husein los cristianos no éramos ciudadanos de primera clase, pero no éramos perseguidos –explica Raad Salam, iraquí nacionalizado español, que vive en Madrid desde hace casi veinte años tras escapar del régimen de Sadam–. Desde la guerra del 2003 que llevó al gobierno a los chiíes, el radicalismo islámico persigue cada vez más a los cristianos".

Para Salam, "la sociedad occidental parece no darse cuenta, está adormecida, sólo reacciona cuando hay muchos muertos". Los casos en los que se ha criticado fuertemente las medidas injustas en estas naciones contra cristianos son generalmente de organizaciones cristianas, especialmente de la Santa Sede.

En muchas ocasiones se ven perjudicadas las perspectivas vitales de los fieles porque las leyes islámicas crean mecanismos opresores: el cristiano no puede opositar o ejercer ciertas profesiones, el clero es acosado, se prohíbe la venta y circulación de Biblias o se impide abrir escuelas y seminarios. Todo ello sin mencionar el castigo con la pena de muerte para aquellos musulmanes que se conviertan al cristianismo.

En países islámicos donde el cristianismo es tolerado, la práctica de la fe conlleva complicaciones, como relata desde Argelia por correo electrónico N.N., convertido al catolicismo. "El cristiano argelino debe ir siempre a la misma iglesia para ser reconocido por la comunidad; es frecuente que el sacerdote acoja a los fieles en la puerta para reconocerles, pues hay verdadero temor a que entren personas ajenas... es una vigilancia policial que incomoda a los argelinos y les desanima si quieren ir a iglesias por temor a represalias; en general".

La misa dominical en Argelia es a las seis de la tarde, pues el domingo en el mundo islámico es día laborable; y los viernes suele ser a las diez o las once de la mañana, por lo que suele ser la más frecuentada "pero muchos no pueden asistir por la lejanía de los lugares de culto respecto a sus domicilios (hay personas que recorren 60-70 kilómetros para ir a misa) -relata N.N.- y porque hay menos transporte público por ser día festivo".

Al contexto social y familiar se le presentan ciertas situaciones difíciles: "Las obligaciones familiares del fin de semana en una sociedad donde la vida social es muy invasiva pueden impedir a los fieles ir a misa, sobre todo a quienes viven su fe a escondidas. La ausencia de una persona cada viernes, día de plegaria colectiva para los musulmanes, puede suscitar preguntas en el seno de las familias y levantar sospechas". Esto hace que los conversos vivan en constante temor.

En las naciones donde impera la democracia ¿Cuál es el apoyo y el testimonio que les presentamos a estos hermanos nuestros? pienso que es llamativo el silencio que ante este hecho están mostrando los gobiernos de estos Estados y más curioso aún, es el silencio de los representantes o líderes de otras religiones: musulmanes (que no se esfuerzan por distinguirse de los asesinos), hebreos,  budistas, etc.  Pero lo más triste es el silencio de otros cristianos. 

¿Cuál será la razón de este silencio?, ¿Miedo a represalias?, ¿Tal vez se considera que son "menos" víctimas que los demás? ¿o prejuicios del pasado?

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